Virtudes del buen instructor (Forum Internacional Pilates 2013)

Este pasado fin de semana de semana he tenido la oportunidad de asistir al Forum Internacional de Pilates que la Asociación Nacional de Entrenadores de Pilates (ANEP) ha organizado en Valencia. Una buena oportunidad para conocer distintas propuestas que están desarrollándose en el panorama internacional, así como poner en común y compartir ideas, además de maneras de trabajar con otros compañeros que han hecho del movimiento consciente su profesión.

forum pilates

Después de tres intensas jornadas, en el vuelo de vuelta, venía reflexionando acerca de los seminarios que he realizado, qué me han aportado los distintos instructores y su enfoque. Curiosamente las virtudes que podría destacar en ellos son las que a mí me gustaría tener como instructor de Pilates cada día en mis clases.

Virtudes del buen instructor.

  • La creatividad de Michael King. En su propuesta Spiral Mix trata de aplicar los principios del Pilates y sus ejercicios de manera dinámica y coreografiada. El ritmo y la coordinación cobran una importancia mayor si cabe de lo que es habitual en una clase de Pilates.

Que alguien como yo, que entre mis habilidades no está precisamente el moverme de manera armónica al ritmo de la música, consiguiera seguir y sobre todo, divertirme con sus coreografías dice mucho de su propuesta. Y lo que es más importante, la sensación de haber trabajado el cuerpo de manera diferente, en combinación de planos e integrando los principios y ejercicios de Pilates.

La creatividad en el instructor es clave para no caer en la monotonía. Las personas que asisten a una clase de Pilates no cuentan con mucho tiempo y te eligen a tí para dedicar una o dos horas semanales de su tiempo libre. Sé creativo, sorpréndeles y supera sus expectativas.

  • La cercanía de Isaac Fernández. A pesar de no haber podido asistir a sus seminarios, haberle conocido personalmente ha sido una de las cosas buenas de este fin de semana. Bajarte del escalafón de los ponentes y mostrar interés por la gente que asiste a escucharte y a aprender de tí es algo muy a tener en cuenta.

Que los alumnos noten tu cercanía y tu interés por cómo están y qué les ha parecido la clase es algo que sin duda agradecen, reduce distancias y fideliza. Crea una comunicación bidireccional en las clases. Bájate del escalafón.

  • La claridad de Gideon Avrahami. La capacidad de hacer fácil lo difícil. De utilizar la palabra exacta. De colocar la mano en el lugar preciso. De explicar un concepto complejo con exactitud, simpleza y concisión. Su formación en Técnica Alexander sin duda que tiene que ver con esa capacidad. Pasar por las manos de Gideon hace que entiendas el movimiento de una manera diferente.

En nuestras clases es fundamental conocer qué objetivo buscamos  exactamente cuando planteamos un ejercicio. Una imagen, una palabra, el uso de nuestras manos tiene que suponer que nuestros alumnos se acerquen a ese objetivo. Pero para ello tenemos que ser facilitadores en ese proceso. Cuanto más claros seamos en esas indicaciones más les ayudaremos a conseguirlo.

  • El carisma de Rael Isakowitz. Que la gente se agolpe para poder (aunque sea) ver sus clases no es algo casual. Estudioso del método, lo entiende como pocos, le apasiona y sabe transmitirte su pasión. Tiene imán y dure el seminario dos horas u ocho, conseguirá que no dejes de dedicarle el 100% de tu atención durante ese tiempo. Te motiva, te exige, valora tu esfuerzo y te hace sentir que eres el único alumno que está en la sala.

Si tu trabajo no te apasiona es imposible que tus alumnos aprecien tu carisma, te sigan y muestren su fidelidad  Hace poco leía “El mundo necesita gente que ame lo que hace” si es tu caso, tienes el 80% hecho. Ahora “sólo” te queda saber transmitirlo.

Posiblemente no todos los instructores tengan cada una de éstas virtudes. De hecho hay algo que las puede sustituir: la actitud y la buena predisposición. Son el camino para llegar a conseguirlas. Si eres profesional, trabaja cada día por mejorarlas. Sé la mejor versión de ti mismo.

Si eres alumno. Busca el buen profesional acorde a tus expectativas y sé exigente. Obsérvalo, enseguida vas a apreciar si tiene esas virtudes porque no se pueden disimular. Si no las tiene dale una oportunidad. Basta con 10 minutos, porque puede que su actitud o buena predisposición puedan compensarlas. Si no es el caso sal de la clase, no pierdas tu tiempo.

El fin de semana sin duda ha merecido la pena. He aprendido, he disfrutado, me han transmitido ilusión y comienzo la semana con energías renovadas. Aunque también me he salido de alguna clase a los 10 minutos… pero sólo dos veces.

Why Not Pilates?

Las 4 Fases del Aprendizaje Motor: Sobre Consciencia y Competencia…

Alguna vez os he hablado de la primera formación que recibí sobre Pilates. Fue el primer Curso de Especialista en Método Pilates impartido por la UCLM. Después de las presentaciones pertinentes, el profesor comenzó con la teoría. El arranque no pudo ser mejor.

Mientras nosotros esperábamos que empezara a hablarnos de quién era Joseph Pilates, sus ejercicios y los beneficios de su método. Directamente se centró en dos conceptos: Consciencia y competencia. Nos comentó que en cualquier aprendizaje, especialmente si nos referimos a aprendizaje motriz pasamos por cuatro etapas:

  1. Inicialmente somos inconscientemente incompetentes.
  2. Para pasar a ser conscientemente incompetentes.
  3. Posteriormente nos convertimos en conscientemente competentes.
  4. Con el objetivo de llegar a ser inconscientemente competentes.
Fuente: myawesomeblogspart2.weebly

Fuente: myawesomeblogspart2.weebly.com

Para hacer más entendibles estas cuatro fases del aprendizaje voy a utilizar 3 ejemplos:

  • Conducir un vehículo. Éste es el ejemplo que nos contó Rafa, el profesor. Probablemente conduzcas y si no, alguien cercano en algún momento te habló de las dificultades iniciales al aprender a manejar un coche. Aunque curiosamente, salvada esa fase inicial casi todo el mundo es capaz de hacerlo sin ninguna dificultad
  • Mi experiencia en el aprendizaje de una actividad deportiva: el surf. Si no lo has probado te lo recomiendo. Es una de las actividades con la que más disfruto y que, al haberme iniciado de adulto he pasado por sensaciones desde la más absoluta impotencia, hasta disfrutar al máximo con la sensación de deslizar, empezando a maniobrar sobre la ola.
  • Una situación común en las clases de Pilates con los nuevos alumnos: Controlar los  hombros. El 99% de las personas que se inician en Pilates, una de las cosas que primero perciben es que sus hombros tienen demasiada tensión. Entender cómo se mueven las escápulas y aprender a estabilizarlas para poder relajarlos es clave para la salud de la espalda. Y se consigue.

Fase 1. Inconscientemente Incompetente

No domino la actividad y ni siquiera lo sabía. No tienes idea de a qué aspectos debes  atender ya que no existen  referencias previas. Se desconocen las sensaciones que se tendrán e incluso no se tiene muy claro cuál será el producto final de ese aprendizaje.

  • Conducir: tres pedales, 5 marchas, un volante, luces, intermitentes, 3 espejos retrovisores ¿Y además poder circular acorde al resto de vehículos, señales y normas de circulación? Parece imposible.
  • Surf: Observar la ola, remar, coordinar el salto (gesto de ponerte de pie), mantener el equilibrio ¿Dónde pongo las manos? ¿Qué pie pongo delante?
  • Controlar hombros. Me dolían los hombros y el cuello pero desconocía el porqué. No conocer la posición natural de los hombros es la razón fundamental que lo produce

Fase 2. Conscientemente Incompetente

Empiezas a conocer los factores a los que tienes que atender pero te das cuenta de que no los controlas. O al menos, no todos de manera simultánea,  al ser demasiadas tareas que te saturan y te hacen sentir torpe. Estas fuera de tu (últimamente famosa) zona de confort.

  • Conducir. El volante se controla pero al frenar no te acuerdas de pisar el embrague y el coche se te cala. ¿Los intermitentes? Derecha era ¿Arriba o abajo? ¿A cuántas revoluciones había que cambiar de marcha?
  • Surf: Cuesta elegir la ola y nunca rompe donde yo estoy. Además por mucho que remo no me empuja. Intento ponerme de pie pero a veces me adelanto y otras no llego. Y cuando estoy arriba no me mantengo más de dos segundos sobre la tabla.
  • Controlar  hombros. Se me olvida estabilizar las escápulas lo que me impide relajarlos. En cuanto realizo cualquier esfuerzo noto la tensión en ellos. Tienen que recordarme su posición. Incluso me estoy dando cuenta de que en acciones cotidianas: al conducir, en el ordenador… mis trapecios tienen tensión.

Fase 3. Conscientemente competente.

Cuando atiendes a indicaciones o mantienes tu atención en la tarea la dominas, pero cuando pierdes la concentración y te distraes, deja de ser así. Te requiere mucho esfuerzo y atención, pero vas dándote cuenta de que ya lo tienes.

  • Conducir. Ya dominas la situación. Las pautas que te han dado te sirven para sentir que poco a poco tú controlas el coche. A veces te confundes de marcha o se te olvidan algunos detalles pero encuentras que ya podrías empezar a conducir sin ayuda.
  • Surf: Cuando el monitor te dice qué ola debes remar no fallas ni gastas energía de más. Además notas la diferencia que hay cuando te acuerdas de colocar bien los pies. Si llevas el peso adelante la tabla “corre” más. Llevar el peso atrás te permite girar. Cuando lo recuerdas, empiezas a notar que estás surfeando.
  • Controlar hombros: Cada vez me doy más cuenta de su posición. Voy por la calle y me veo en un espejo o el reflejo de algún cristal y aprovecho para colocarlos. Observo que puedo hacer esfuerzos y si noto tensión, ésta desaparece al alinearlos.

Fase 4. Inconscientemente competente

No es necesario pensar en la propia tarea para dominarla. Parece que ya forma parte de ti, como llevarte la mano a la boca antes de estornudar. Hay mayor fluidez y percibes menos esfuerzo. Tu cerebro ha desarrollado automatismos que hacen que no necesites estar concentrado ni prestar excesiva atención para llevarlos a cabo

  • Conducir. La mayoría de las personas podemos decir que conducen la mayor parte del tiempo en “encefalograma plano”. Incluso realizabn otras acciones mientras llevan el coche: buscar una emisora de radio, hablar con otra persona, echar un trago de agua. Incluso alguna vez ocurre que en un trayecto frecuente cuando te quieres dar cuenta piensas: ¡Pero si ya estoy aquí!
  • Surf. Dejar de pensar para empezar a hacer. Todo se vuelve mucho más intuitivo. Entiendes mejor la ola y vas adaptándote a ella. Tu tabla se va convirtiendo en una prolongación de ti.
  • Controlar hombros. Ahora cuando, yendo por la calle me veo reflejado, observo mis hombros y para mi sorpresa  ya están colocados en su sitio, lo que hace que la tensión habitual haya desaparecido.

Y cuando ya crees que dominas la tarea…

El aprendizaje no es un proceso lineal. No llega un momento en el que tu dominio es absoluto porque siempre existen variables que hacen que el proceso vuelva al inicio. Por ejemplo:

  • Cuando llevas tiempo conduciendo, piensas que dominas el coche pero de repente tienes que conducir con nieve o te vas de vacaciones a Inglaterra y tienes que conducir por la izquierda y la sensación es de volver al principio.
  • Al mejorar el nivel de surf se suele cambiar de tabla. Cuando cambias a una un poco más corta, los dos tres primeros baños no coges una ola. Volviste al inicio.
  • En relación a los hombros. Cuando llevas unos meses en Pilates y piensas que dominas la estabilización escapular, de pronto te mandan un ejercicio de mayor intensidad en el que los brazos no cuelgan relajados sino que trabajan haciendo de soporte y la sensación es que la dificultad vuelve a aparecer.

Por ello podemos decir que los aprendizajes motores son procesos dinámicos que no tienen fin. Siempre puede haber variables que nos obliguen a adaptarnos a las nuevas condiciones. Cada movimiento deja huella en nuestro cerebro, no hay que olvidar que somos lo que hacemos repetidamente.

Este concepto fue lo primero que escuché en una formación de Pilates y después de decenas de formaciones y centenares de clases sigue siendo una máxima para mí. Como un mantra que repito a los alumnos en sus primeras clases individuales para que entiendan cuál será nuestro objetivo: utilizar su cuerpo de manera consciente con el objetivo de tener el mayor control posible sobre él.

En el deporte y en tu movimiento diario: aumentar tu consciencia, mejorará tu competencia.

Y tú, ya sea practicando Pilates,  una actividad deportiva o cualquier otra actividad que practiques piensa y analiza ¿En qué fase te encuentras?

Tu Espalda Empieza en tus Pies

De todos es conocido los beneficios del Pilates para mejorar la salud de nuestra espalda. Mediante sus ejercicios conseguimos mejorar su movilidad, mayor equilibrio en su musculatura, reducimos dolores en la zona lumbar, tomamos conciencia de nuestro cuello y hombros sin tensión, tratamos de mejorar nuestra alineación y  reeducar patrones de movimiento.

Cualquier persona ha escuchado aunque sea de pasada los términos escoliosis, cifosis o hiperlordosis.  Tenemos nociones de higiene postural para prevenir dolores de espalda y quién no oyó a su madre el típico “ponte derecho”.

Sin embargo, si en un edificio las vigas son de vital importancia lo que determina  la solidez del mismo son los cimientos. Definitivamente: Tu espalda empieza en tus pies.

pies

Ya he comentado en una entrada anterior que nuestros pies son nuestros cimientos, nuestra base. Una estructura compleja que posee la cuarta parte de los huesos de tu cuerpo. Cada uno de tus pies está formado por 26 huesos, 33 articulaciones, más de 100 músculos, tendones y ligamentos.

Aunque a la vez es una parte del cuerpo que peor tratamos. Se le atribuyen características como que huelen mal, son feos, deformes… Definitivamente en nuestra sociedad  por decirlo así no están bien vistos.

Siempre ocultos, hay incluso quien se avergüenza de sus propios pies. El mal olor es debido fundamentalmente a la falta de transpiración, no suelen oler mucho en verano tras una jornada de playa. Referente a la ausencia de belleza y deformidad habría que plantearse qué relación puede tener con su falta de movimiento. Imaginad que desde los pocos meses de vida pasáramos la mayor parte del tiempo con guantes. Pero no unos guantes como los que usamos para el frío. Guantes rígidos que impidieran el movimiento en nuestros dedos, uniéndolos como si se comportaran como una unidad sin movimiento independiente y que sólo nos los quitáramos para dormir. Posiblemente nuestras habilidades manuales se verían algo mermadas.

¿Eres consciente de la posición de tus pies?

Dedíca a tus pies 2 minutos de tu tiempo y haz una prueba: Colocáte de pie en una posición cómoda (preferentemente descalzo) y sigue las siguientes indicaciones.

  • Sin bajar la mirada, coloca tus pies separados entre sí  tratando de mantener la misma distancia que la anchura de tu pelvis.
  • Sitúalos de manera que estén alineados y  paralelos. La referencia sería la línea interna de tus pies ¡Pero sigue sin mirar!
  • Visualiza su posición y siéntelos ¡No mires! Cuando consideres que los tienes colocados siente el peso repartido en un pie y en el otro.
  • Ahora sí, mira hacia abajo y comprueba si realmente la posición de tus pies es la que tenías en mente.

Se pueden haber dado tres situaciones:

  1. Te ha resultado imposible no mirar tus pies. Te recomendaría que vuelvas a hacer la prueba dentro de un rato.
  2. Cuando has mirado hacia tus pies la posición que mantenían es exactamente la que tenías en mente.
  3. Has mirado a tus pies y estaban ligeramente rotados hacia fuera.

Esquema corporal.

El conocimiento inmediato y continuo que nosotros tenemos de nuestro cuerpo en estático o en movimiento, en relación con sus diferentes partes y sobre todo en relación con el espacio y los objetos que nos rodean”. Le Boulch.

Que la posición que tus pies mantenían coincidiera o no con la imagen que tenías en tu mente es una cuestión de esquema corporal.

– Si cuando realizaste la prueba anterior tus pies estaban colocados como tenías en mente: ¡Enhorabuena! Perteneces a una minoría que realmente tiene consciencia de su apoyo. Si estas en este grupo posiblemente ya tengas algunas nociones en relación a la postura y alineación de tu cuerpo y por lo tanto ya tenías los deberes hechos.

Si por el contrario cuando miraste tus pies no estaban paralelos. Puedes estar tranquilo. Es lo normal. Cuando estamos de pie en posición estática nuestros apoyos tienden a una ligera rotación externa buscando mayor base de sustentación de la que conseguiría en paralelo. Lo que sí es importante es que seas consciente de que las posiciones que mantiene tu cuerpo  no siempre coinciden con la percepción que tienes sobre él.

La falta de alineación tiene que ser compensada. Que tus pies no respeten la alineación supone que el resto de estructuras tendrán que ir compensando esa alteración y probablemente sea tu columna la que termine realizando los ajustes necesarios  viéndose obligada a modificar su curvatura.

Propiocepción: el sexto sentido.

La propiocepción implica nuestro sentido del equilibrio, de posición y de nuestro cuerpo en el espacio. Significa literalmente: sentirse” (Mac Donald y Ness).

Afirman los compañeros de pieslibres.com en su blog: Buda dijo en una ocasión “tu pie siente el pie cuando siente el suelo”. Y no podía estar más acertado: la propiocepción es el sistema que tiene nuestro cuerpo para informarnos de nuestra posición y orientación en el espacio. Utilizamos la información aportada por los propioceptores para movernos. De hecho, cuanto mejor es nuestra propiocepción, mejor es nuestro movimiento. Resulta que el 70% de la información propioceptiva proviene de los receptores de presión situados en la planta de los pies.

Tu cuerpo se organizará en base a la información que recibe. La columna es una estructura móvil que adapta su posición por la activación o desactivación de distintos músculos, corrigiendo su postura en base a la información que nuestros pies van captando y las necesidades de movimiento.

Esto lo puedes ver de manera sencilla:

Colocáte de pie de la misma manera que antes, buscando una posición alineada en los pies  separados anchura de tu pelvis. Manteniendo tu espalda recta y toda la superficie del pie siempre apoyada, realiza balanceos:

  • Traslada el peso a metatarsos y dedos de los pies, siendo consciente de la activación que se produce en el tronco para compensar el desequilibrio.
  • Lleva el peso a los talones y observa de nuevo como notas la activación muscular para impedir que pierdas la posición.

De esta manera puedes observar cómo los músculos estabilizadores, tanto de la zona anterior como posterior del tronco tienen que compensar los desajustes en relación a los apoyos que se están produciendo en tus pies cuando el peso no está repartido proporcionalmente.

El calzado, los hábitos del día a día, la actividad o ausencia de ella… Van a condicionar nuestros apoyos. Y a la vez éstos van a modificar la posición de nuestra espalda. Pilates decía que “una persona es tan joven como lo sea su columna vertebral” y una columna sana es una columna con movimiento. Cuida la salud de tus pies si quieres mejorar la salud de tu espalda. La falta de movilidad en los primeros afectará de manera directa a tu columna. El trabajo de propiocepción y la toma conciencia de tus apoyos te ayudará a reajustar tu esquema corporal y por tanto conseguirás una postura más alineada, más libre, sin tensiones…

Why not Pilates?

Pilates ¿Fácil o difícil (III) ¿Qué pienso yo?

Tercera y última entrega de una entrada en la que trato de abordar esta pregunta: Pilates ¿Fácil o difícil?, desde la doble visión de practicantes y profesionales. He reunido distintas opiniones para conocer cómo ellos afrontan, sienten o vivencian esta disciplina.

En la primera parte pudiste ver opiniones de quiénes lo consideraban difícil por distintas cuestiones: alto nivel de concentración, tienes que aprender a controlar tu cuerpo, uso de la respiración…

En la segunda parte aparecieron opiniones que hablaban de que es un método fácil: porque es muy adaptable, cualquiera puede practicarlo, es muy progresivo…

Estuve recibiendo algunos mensajes por twitter y facebook en los que se me preguntaba de manera directa acerca de mi opinión y para ello he reservado esta tercera y última parte ¿Qué pienso yo?

fuente: prensaminimalista.cl

fuente: prensaminimalista.cl

Mi experiencia como instructor

Como instructor de Pilates he ido atravesando etapas. Todas ellas teniendo un denominador común: la dificultad. Si bien, los aspectos en los que he ido encontrando dificultad han ido variando. Lo dividiría en 4 fases:

1ª fase. La dificultad está en el domino de la técnica.

  • En comprender en qué consiste el método
  • Familiarizarse con los principios
  • Ejecutar los ejercicios con fluidez.

Mis inicios en el Pilates fueron cuanto menos curiosos. Durante los últimos años  de mi etapa universitaria simultaneaba los propios estudios de CC. de la A.F y el Deporte con el trabajo en un gimnasio. El entrenamiento personal era lo que más tirón tenía en el gym pero se empezaba a oir hablar del Pilates y sobretodo veía que la gente lo demandaba. Era el año 2006. Casualidades de la vida, en mi facultad se ofertó la I Edición del Curso de especialista en método Pilates para fisioterapeutas y licenciados en CAFYD.Creo que fue la primera formación de este tipo que ofertaba una universidad pública. Animado por mi hermana que es fisioterapeuta y también estaba interesada en conocer algo más del método decidimos apuntarnos.

Me inscribí en una formación de la que lo único que conocía era que se estaba poniendo de moda, era “muy buena para la espalda” y en el gimnasio donde trabajaba la estaban introduciendo. Mi primera clase de Pilates la recibí en el propio curso.

Mi actividad deportiva principal durante los 15 años anteriores había sido jugar al baloncesto. Por lo tanto nos encontrábamos con un tío de más de 1´90 sin ningún control sobre su cuerpo, muy limitado en el movimiento, con claras descompensaciones y falta de flexibilidad, que con dificultad podía entender los ejercicios que le estaban proponiendo. Los ejercicios básicos me parecían simples y no les encontraba sentido y los que eran un poco más complejos directamente me veía incapaz de ejecutarlos.

En resumen, encontraba grandes dificultades para ejecutar y entender los ejercicios.

2ª fase: la dificultad está en el alumno.

  • Limitaciones de movilidad.
  • Responder a sus necesidades.
  • Cómo facilitarles el movimiento.

Posteriormente y una vez finalizado el curso pensaba que ya estaba listo. Conocía los ejercicios a pesar de que no fuera capaz de ejecutar muchos de ellos pero tampoco consideraba que fuera imprescindible.

Entonces empiezas a dar clases. Ves las fichas de los alumnos y al principio te asustas un poco por la responsabilidad que recae en tus manos.  Alumnos con hernias o protrusiones, alumnas embarazadas, limitaciones de movilidad, deportistas con sobrecargas o recuperándose de lesiones, distintas patologías… Te das cuenta de que cada cuerpo es diferente y las necesidades de cada uno muy diversas.

Y las dificultades no son sólo físicas. Tienes que transmitir conceptos, sensaciones, movimientos muy concretos que son, en muchos casos, desconocidos hasta ese día para el alumno. Y eso no viene en los manuales, no hay  trucos ni recetas. Lo que utilizas con  una persona no tiene necesariamente que servirte para la siguiente clase.

3ª fase: La dificultad está en tus propias limitaciones como instructor.

  • Capacidad de transmitir: lenguaje a utilizar, demostración del ejercicio, uso de las manos…
  • Mantener la motivación por la actividad.
  • Necesitas seguir formándote: reciclaje continuo.

Me ocurría en mis inicios y lo he visto en compañeros, que suele llamar la atención la dificultad que tienen los alumnos que comienzan, para entender determinados conceptos. Transcurridos unos años te das cuenta de que, curiosamente cuanta más experiencia tienes, mejor te entienden los alumnos  ¿Por qué será? Un poeta llamado Búnbury dice que “todo arde si le aplicas la chispa adecuada”. No hay alumno torpe, sino instructor con pocos recursos. Lo difícil es dar en la tecla

Por otro lado, no conozco ningún monitor que lleve años dedicándose al Pilates sin estar reciclándose y formándose de manera permanente. Es difícil mantener la motivación de afrontar una nueva clase sin ofrecer un nuevo reto a tus alumnos.

Por otro lado, se requiere una cierta dosis de humildad para conocer tus propias limitaciones como instructor y entender cuándo a una persona no la puedes ayudar o no puedes darle lo que en ese momento necesita. Y eso no es fácil. Trabajar de manera coordinada con tus propios compañeros, así como con otros profesionales del ámbito de la salud que sean de tu confianza, te lo facilita. No deberías tener problema en recomendar a tus alumnos otro profesional si se diera el caso. Estarás perdiendo un cliente por unas semanas o meses pero estarás gananado la confianza de un alumno de manera indefinida.

4ª fase: La dificultad está en las propias limitaciones del método.

  • Las mejoras significativas no aparecen de un día para otro.
  • No todos los ejercicios son indicados para todos los practicantes

Nada es infalible y el Método Pilates como cualquier disciplina, técnica o ciencia tampoco y tiene sus limitaciones. No existe el profesional que siempre de en el clavo, como no existe la técnica o terapia que sea la panacea para todos los males.

La prueba más evidente de que Pilates tiene sus limitaciones es que los profesionales referencia del Pilates, o bien provienen de otras disciplinas o complementan su formación apoyándose en otras técnicas que les aporta una visión más amplia y nuevas herramientas. Técnicas como: método Feldenkrais, técnica Alexander, Shiatsu, Osteopatía… Si las posibilidades del Pilates fueran infinitas  no perderían el tiempo con ellas.

Mi experiencia como alumno

No tengo ninguna duda de que, una vez superada esa primera experiencia que contaba al principio donde no sabía muy bien dónde me metía, siempre he disfrutado recibiendo clases. Sobretodo de las clases en las que han conseguido sacar de mí ejercicios, movimientos o directamente sensaciones que desconocía. Nunca he percibido dificultad en ello todo lo contrario, me sorprendía que fuera capaz de conseguirlo. No me atribuyo ningún mérito ya que, curiosamente siempre me ha ocurrido con grandes profesionales que no llevan uno ni dos ni cinco años en ésto. Su conocimiento de la técnica y sus recursos han hecho que yo lo percibiera así. Creo que si la sensación hubiera sido la contraria, habría pensado que el Pilates no es para mí.

En resumen, considero que el buen instructor debe tener la cualidad de hacer fácil lo difícil. Ser consciente de la complejidad del método para poder suministrarlo en dósis sencillas. Una alumna me decía que nunca ha percibido las clases como difíciles. Que fue tomando consciencia de la dificultad en la medida en que fue sintiendo que tenía control sobre su cuerpo y empezó a entender el movimiento. Creo que esa es la clave.

Dicen que no entiendes algo si no eres capaz de contárselo a tu abuela. Yo diría que dominarías el método si fueras capaz de dar una clase a tu abuela. Y que conste, que yo tengo a las dos, ya rondando los 90, y no tienen ni idea de qué es el Pilates.

¿Fácil o difícil?(II). Pilates una disciplina fácil.

¿Fácil o difícil? Complicada respuesta para una disciplina donde el movimiento en cada cuerpo es único, tanto por una cuestión de  funcionalidad o capacidad de movimiento, como sobre todo, por la manera en que cada persona lo interpreta. Esta es la segunda parte de una entrada en la que estoy  reflexionando en torno a porqué el Método Pilates podría considerarse una disciplina fácil o difícil tanto a la hora de practicarla como de acompañar y facilitar al alumno esa práctica. He estado preguntando de manera directa en mis clases, así como a profesionales a través de las redes sociales obteniendo ambas respuestas con argumentos realmente valiosos e interesantes.  Si no tuviste posibilidad de leer la primera parte “Pilates una disciplina difícil”, te recomiendo que lo hagas antes de seguir con ésta.

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Por curiosidad, he buscado  en el diccionario de la Real Academia qué significado da a las palabras fácil y difícil y me han resultado curiosas las definiciones.

  • Fácil: “Que se puede hacer sin gran esfuerzo
  • Difícil: “Que no se logra, ejecuta o entiende sin mucho trabajo

Leyendo las dos definiciones, puede apreciarse lo muy polarizada que está la pregunta ya que, no se contemplan grises sino que la pregunta es ¿Blanco o negro? Quizá sea por ello que en las respuestas muchas veces, se sustituía el fácil o difícil por otros términos como:

  • Difícil por: complejo, exigente, complicado, reto.
  • Fácil por: Asequible, sencillo, factible.

Pilates una disciplina fácil: la opinión de los alumnos.

A continuación os presento algunas reflexiones de alumnos en relación a por qué consideran el Pilates una actividad fácil:

  1. Cualquiera puede practicarlo. No importa cuál sea tu nivel de condición física
  2. No necesitas dedicarle muchas horas de práctica para apreciar las mejoras.
  3. Porque se adapta a la persona.
  4. No te sientes perdido. Sólo tienes que seguir las indicaciones del instructor a cada momento.
  5. Fácil si tienes experiencia previa en actividades como danza o Yoga.

Pilates una disciplina fácil: la opinión de los profesionales.

En la encuesta realizada en Linkedin en el grupo Comunidad de Profesores de Pilates y Movimiento – España, la mayoría de los encuestados votó que considera que el Pilates es una actividad fácil de enseñar.

  • Paco cree que “depende en muchos casos de la formación recibida“. Lo considera fácil “por ser un método muy moldeable. Es cuestión de adaptar los ejercicios al nivel (o patología) de los alumnos”.

Es importante conocer que la adaptación real de la persona al método se alcanza exclusivamente en la clase individual. En grupos numerosos es materialmente imposible y las necesidades del alumno pasan a un segundo plano, siendo éste quien debe adaptarse al monitor y a la clase.

  • Paloma, a través de la encuesta en Facebook afirma que lo considerarelativamente facil cuando llevas por lo menos un tiempo practicándolo.

Ya comentaba en el anterior post que la dificultad inicial aparece al tener que familiarizarse con los principios y empezar a pensar en cómo nos movemos de manera consciente.

  • @zonapilates opina que “la sencillez radica en que es un método progresivo para cada persona, vas trabajando al ritmo y posibilidades de tu cuerpo“.

El método y sus ejercicios se apoya en progresiones y variaciones que hacen que puedas estar “haciendo Pilates” desde el primer día y que ese ejercicio vaya aumentando su nivel de intensidad en la medida en que aumente tu experiencia y control.

Tengo que agradecer de nuevo a quienes han colaborado con sus opiniones . Alumnos y profesionales que me han iluminado aportando sus reflexiones y ayudándome a ir formando una opinión al respecto.

¿Y qué opino yo de todo ésto?

Me ha sido extremadamente difícil exponer mi punto de vista sin que la entrada se me extendiera demasiado. Toda la concreción que pedía en las respuestas, es la que me ha sido imposible trasladar a mi opinión. De manera que voy a terminar de organizar esas ideas para contarte qué opino en relación a esta pregunta en la próxima entrada. Mientras… ¡Que siga el debate! Después de leer la opinión de practicantes y profesionales tú que opinas:

Pilates, ¿Disciplina fácil o difícil?