¿Demasiado Deporte? Nunca Es Suficiente

Sí, a mí también me pasó. Yo también tuve esa doble sensación cuando vi el anuncio por un lado de “han dado en el clavo” pero por otro lado: que tuvieran que ser ellos los encargados de dar ese mensaje…

Resulta contradictorio que sea precisamente Coca-Cola, la marca que nos dio “sensación de vivir” a cambio de dosis intolerables de azúcar. Aquellos que lograron que en muchas casas se haya sustituido el agua por una bebida con burbujas color fango (o amarilla o naranja) que aporta dósis de una sustancia altamente adictiva y que, unido al sedentarismo ha propiciado el aumento exponencial de las cifras de obesidad y contribuyendo a que la diabetes se haya convertido en la epidemia del siglo XXI. Y después de crear el problema nos dan la solución. Le quitamos el azúcar y nuestra bebida pasa a denominarse saludable.

El anuncio es muy bueno y eso es innegable y comienza con una frase que me parece clave. “La obesidad: mucha gente no se preocupa tanto por el problema como por la solución”

Y a mí me da por pensar ¿Y si nos estuviera pasando esto a los profesionales de la salud y la actividad física? ¿Y si a lo mejor Coca-cola está dando el mensaje que nosotros no estamos sabiendo transmitir? ¿ Y si estamos centrando nuestra atención en los problemas pero dando pocas soluciones?

Too much sport is never enough.

Tal vez los que no leéis semanalmente el blog todavía no sabéis que me he escapado unos meses a Australia. Que ¿Por qué Australia? Eso me pregunta todo el mundo. Pues no sé… por necesidad, por abrir mi mente, por probar. Estoy estudiando inglés y esta semana un profesor tras preguntarme qué había estudiado y contestarle que Ciencias del Deporte me soltó la frase “Too much sport is never enough”. Sin duda creo que puede aproximar a la visión que estoy observando las semanas que llevo aquí. Parece que la práctica de actividad física es más norma que excepción y aunque las comparaciones son odiosas me resulta inevitable establecer paralelismos con el lugar de donde vengo. En España cuando una persona te dice que le encanta el deporte tienes que preguntarle ¿Pero verlo o practicarlo?

fuente: motherpedia.com

fuente: motherpedia.com

Últimamente tengo la sensación de que la práctica deportiva está en entredicho. Estamos esperando a que salga una noticia en la que una persona sufrió una desgracia (fallo cardíaco, lesión osteoarticular…etc) en una prueba deportiva para escuchar un “¿Lo ves?”. La práctica deportiva está siempre cuestionada y se escuchan demasiados mensajes negativos en torno a ella: El deporte crea adicción, no es bueno estirar, correr te lesionará, las sentadillas destrozaran tus rodillas, montar en bici no es seguro…

¿Y si al contrario de lo que ocurre en Australia donde se parte de la base de que la práctica deportiva es beneficiosa, saludable, necesaria… en España no estamos realmente convencidos ni los propios profesionales de que realmente lo sea?

¿De dónde viene todo esto?

Tengo las sospechas de que la manera en la que se estuvo vendiendo la actividad física unos años atrás ha producido un efecto bumerán que nos está dando en las narices. Se ha querido de alguna manera monopolizar y pretender dirigir algo que es inherente al ser humano. En lugar de querer formar educar y dar pautas se ha optado por crear dependencias y desacreditar cualquier práctica deportiva diferente a la tuya. Se ha querido vender la moto de que la práctica de actividad física sólo es válida bajo la rigurosa supervisión de un profesional. Un profesional que en ocasiones no aportaba ningún valor añadido al cliente y éste no terminaba de entender qué hacía allí o para qué pagaba una cuota. Como se afirma en este artículo titulado la conspiración de la industria del fitness

¿Qué es lo que nos dice la industria del fitness? Nos dice que es necesario ir al gimnasio, nos dice que es necesario tomar suplementos, nos dice que debemos ejercitarnos con máquinas de musculación, y correr en cintas mientras vemos videos musicales o la CNN, y tomar bebidas deportivas para recuperarnos del esfuerzo realizado. En resumen, quiere que pienses que los necesitas, y lo principal, quiere que consumas sus productos”

¿Y si el profesional no aportaba ningún valor añadido que ha hecho que todo el mundo acudiera en masa a los gimnasios para ejercitarse? La misma razón por la que antes de coger un determinado medio de transporte han conseguido que acudas 2 horas antes y te pongas al final de una larga cola, te descalces, te quites el cinturón, te vacíes los bolsillos, pases por un escáner, te cacheen y encima sonrías y te sientas agradecido. Porque primero les metes miedo y luego les ofreces seguridad

  • El miedo

Tengo menos conocimiento en otros campos pero en algunas formaciones de Método Pilates están más centradas en las lesiones, contraindicaciones, aspectos a evitar… que en el movimiento, la búsqueda de eficiencia, la mejora de la salud.

No hace mucho recibí un seminario y mi hermana (que es fisio, osteópata, con formación en Pilates y me está preparando un post ) me pidió el manual para echarle un ojo. En concreto hablaban de precaución con ejercicios en flexión de columna por el riesgo de fractura vertebral en casos de osteoporosis. Y me comentaba, “llevo más de 10 años trabajando con personas mayores y no conozco ningún caso de fractura vertebral que no sea por traumatismo. Y créeme que en el día a día la flexión de columna es un movimiento que se realiza continuamente”.

Este exceso de atención a las patologías hace que los instructores estén más pendientes de no lesionar a nadie que de mejorarles. Dejan de ver las personas que tienen delante y en lugar de estar frente a Paco o Cristina ven una protrusión cervical o una hernia lumbar. El miedo del instructor acaba siendo transmitido al alumno que recibe tantos feedbacks negativos no termina de entender si lo que está haciendo es beneficioso o perjudicial para él.

  • La seguridad.

Corregidme si no estoy en lo cierto pero muchas de las empresas que imparten formaciones tienen origen en Estados Unidos, dónde tienes que hilar muy fino para que no te caiga una demanda ante cualquier mínimo contratiempo. Es por eso que los márgenes de seguridad para evitar que surjan problemas pueden llegar a ser en ocasiones excesivos. Aunque ocurre una cosa: el exceso de celo con la seguridad limita la posibilidad de mejora ¿Que para determinadas personas las extensiones de columna pueden ser un problema? No las realizamos que es mucho más sencillo que enseñar a realizarlas correctamente. ¿Cómo puede haber equilibrio en tu columna si le estás negando posibilidades de movimiento?

Muchas veces me llevo las manos a la cabeza cuando repaso anotaciones sobre clases que llevaba a cabo hace unos años y veo determinados ejercicios que ahora nunca utilizaría con esa persona. Pienso: es un milagro que le sentara bien la clase. Pero por otro lado leo artículos y escucho como “contraindicadísimos” movimientos que desarrollo con alumnos sin que les de mayor problema sino todo lo contrario. Como te decía antes son personas con diferentes capacidades, necesidades y distintas las posibilidades de abordar el trabajo con ellos. No son sólo una “hernia L5-S1”.

  • ¿Y qué es seguridad si tengo un problema concreto, una dolencia, una patología…  y quiero hacer ejercicio? Recurrir a un profesional contrastado, con trayectoria y que sepas que trabaja con personas con problemas similares a los tuyos.
  • ¿Qué es seguridad si soy entrenador/profesor/instructor? FORMACIÓN. No cualquiera. De personas que realmente desarrollen, estudien y estén en contacto con otros profesionales de su nivel. Seguridad es no arriesgar. Si dudas de si lo que vas a hacer es indicado para la persona, no lo hagas todavía. Y si quieres probar, prueba contigo. Confía en lo que sabes y asume que te vas a equivocar. Entonces aprende de ello y sólo te pasará una vez.

El ejercicio ideal para ti

Entonces ¿Cual es el ejercicio ideal para mí, el que me hará sentir mejor, el que mejorará mi salud? Para el 90% de la gente CUALQUIERA. El que te gusta, con el que lo pasas bien, el que no puedes dejar de recomendar a tus amigos, el que no te da pereza o el que llevas tiempo diciendo que tienes que probar. Ése es el que te irá bien. Hacer ejercicio siempre es mejor que no hacerlo. Porque “hacer deporte” supone algo más que un corazón que late más fuerte y rápido de lo habitual y calorías gastadas. No sólo mejora la funcionalidad de tu sistema musculoesquelético sino también la de tu cerebro y tu sistema nervioso. Es un momento para tí, es sentir tu cuerpo, salir del estrés, es volver a jugar, es recuperar sensaciones que pensabas olvidadas. Es ponerte un reto y tratar de alcanzarlo, es competir con los demás y contigo mismo, son valores, es compartir, es una forma de vida.

Una persona que hace ejercicio lo hace porque le sienta bien, lo disfruta y mejora su calidad de vida. Una sociedad que se empapa de los valores del deporte es una sociedad que se compromete, se esfuerza, se supera, no se rinde, se levanta y mira para adelante.

Es por eso que me atrevo a afirmar que para niños adultos o mayores… “Demasiado deporte nunca es suficiente”.

La Herramienta Clave del Profesor de Pilates

Si alguien lleva tiempo sin sentirse torpe es porque no ha tratado de transmitir algo muy concreto en un idioma que no domina del todo o no tanto como la persona que tiene delante. La comunicación existe pero es limitada e imprecisa y tú vuelves a sentirte conscientemente incompetente. Las cosas son blancas o negras porque no sabes transmitir los matices y te das cuenta de que no importa demasiado lo que hay en tu cabeza o cómo lo quieres expresar, sino lo que la otra persona está entendiendo.

fuente: hispanorama.net

fuente: hispanorama.net

Y no puedo evitar acordarme de una compañera que tuve hace unos años en un estudio de Pilates que  solía indignarse diciendo que “los alumnos no escuchan, hacen lo que quieren. Van a su bola. Yo ya paso de corregirles porque no atienden” Me recordaba al típico discurso de profesor frustrado y sin vocación que todos hemos tenido en el instituto. Entonces pensaba que, o yo tenía muy buena suerte y me habían tocado los alumnos y alumnas hábiles o ella no estaba sabiendo utilizar los recursos que todo profesor de Pilates tiene a su alcance.

Las herramientas del profesor de Pilates

Posiblemente hay quien esté pensando en máquinas de Pilates u otro tipo de equipamiento como pequeños materiales (aro, rulo, pelotas…) nada que ver. Las herramientas que el instructor tiene a su mano para facilitar el movimiento, no hay que comprarlas, todos las tenemos, sólo hay que desarrollarlas:

  1. La demostración visual. Facilita al alumno una visión global del ejercicio para que entienda e interprete el movimiento que va a llevar a cabo posteriormente. Es necesario en ejercicios nuevos, aunque es importante entender que, ver el ejercicio no significa que vaya a poder desarrollarse correctamente. Es una herramienta directa que hará (siempre y cuando tu demostración sea correcta) que el alumno entienda rápidamente lo que quieres. No obstante, la  vital importancia que tiene la demostración en alumnos que se inician, va siendo menor en la medida que aumenta su experiencia. De hecho diría que es la herramienta más prescindible de las tres de cara a mejorar la calidad del movimiento.
  2. Las correcciones manuales. Tus manos dan referencias muy claras al alumno.  Establecen límites y facilitan el movimiento, especialmente cuando de movilizar la columna se trata. Mejora la técnica, ayuda a construir el esquema corporal, sobre todo en planos diferentes a los de tu movimiento diario. La ausencia de correcciones manuales limita la progresión. De ahí que en grandes grupos existe un momento en el que el alumno toca techo y, si bien puede seguir desarrollando ejercicios, deja de sentir que su técnica mejore.
  3. El lenguaje y su uso es, en mi opinión, la herramienta más importante. Es la conexión permanente entre el alumno y el instructor, lo que da continuidad a la clase y la forma de aumentar la precisión en el movimiento con ayuda de las indicaciones y sobre todo, de las imágenes. Piensa que no interpretas de igual manera: aprieta el puño que cierra tu mano; ponte recto que siente como tu columna se alarga ; estirar tu brazo adelante lo más lejos que puedas, que proyéctalo largo hacia la pared… Y esos matices los conseguimos desde la palabra. Sin ir más lejos, hay quien me ha contado que alguno de los post de este blog le ha servido para entender aspectos sobre Pilates y el movimiento que le habían pasado por alto y es cierto que en algunas ocasiones me apoyo en la demostración visual con los vídeos aunque en el blog os tengo lejos, por lo que mi herramienta principal, es la palabra.

El lenguaje: herramienta clave.

La palabra es el recurso del profesor de Pilates que proporciona la mayor parte de la información que el alumno necesita pero el lenguaje es algo más amplio. Entender y analizar qué aspectos forman parte de tu comunicación con los alumnos te facilitarán mejorar tu conexión con ellos, te entenderán mejor y como consecuencia mejorará su movimiento. Por ello es importante que tengas en cuenta los siguientes aspectos:

Cantidad de información. Si es demasiada, satura y ralentiza, al producirse el fenómeno “parálisis por análisis” del que ya te hablé anteriormente. La ausencia de información crea dudas al alumno. Pon el foco en un aspecto del ejercicio cada vez. Sólo uno.

El tono. La entonación debe ser acorde a cada momento de la clase. Entendemos que como, en cualquier otra actividad física (y hablando de manera general) seguiríamos la estructura de calentamiento, parte principal y vuelta a la calma. El tono de tu voz debe acompañar al nivel de intensidad que debe emplear el alumno en cada una de estas fases.

Ritmo. Se dice que cada ejercicio tiene un ritmo interno propio pero recuerda que el alumno debe ser capaz de modificarlo y adaptarlo y, el profesor quien le guíe indicándole cuál es el más adecuado a cada momento.

La pausa. Tan importante como seguir un ritmo concreto en ocasiones lo es parar, sentir y escuchar nuestro cuerpo. Mantener una posición estática, enriquece, da referencias y ayuda a mejorar tu postura. Recuerda que tu musculatura no sólo trabaja cuando estás en movimiento. Incluso entre el final de una inspiración y el comienzo de la exhalación hay un instante de pausa. Cada movimiento tiene un principio y un fin. Márcalo.

El lenguaje gestual. Sabemos que la comunicación es mucho más que palabras. Cómo mueves tus manos: dirección, amplitud de movimiento… Dónde te posicionas en la clase: controla el espacio, hazte presente para cada uno de tus alumnos.. Mayor o menor énfasis en tus gestos cambiará la respuesta de tus alumnos.

El silencio. Cuando el alumno tiene experiencia y conoce el ejercicio es interesante dejar que tome las propias riendas del ejercicio y que no siempre dependa de tu palabra para moverse (y tú agradecerás dejar de escuchar tu voz aunque sea por un par de minutos).

La repuesta. No forma parte directamente del lenguaje del profesor pero es determinante si hablamos de comunicación. No hay mensaje sin receptor. Pero un receptor activo que opina y participa. Como dice Pablo Vera en este artículo, no tiene demasiado sentido “machacar a órdenes” al alumno. Da voz a tus alumnos. Pregunta y observa antes o después de la clase o el ejercicio. Obtendrás una información que, aunque no siempre te guste, puede resultarte muy beneficiosa y de la que aprenderás.

¿Hablas el mismo idioma que tus alumnos?

Todos hemos pasado por esa fase de utilizar un lenguaje supertécnico para tratar de impresionar a nuestros alumnos. Si bien, por otro lado hemos visto que, los profesionales a los que admiramos, no importa en qué campo, hablan de manera clara, sin adornos ni artificios. No los necesitan. Asegúrate de que los conceptos que tú consideras fundamentales quedan realmente claros. Aunque lo fácil siempre es echar la culpa al alumno, tienes que incidir en lo que tú puedes cambiar o mejorar en ellos. El compromiso del alumno está claro, pone su tiempo y su dinero (y hoy en día es mucho decir) y es tí a quien te toca dar soluciones para proporcionarle el ejercicio preciso, al ritmo preciso, con la intensidad precisa y la correcta progresión.

Tus alumnos y tú ¿Habláis el mismo idioma? Dicen que no entiendes algo si no se lo podrías explicar a tu abuela. Que en tu clase exista comunicación y a poder ser que sea bidireccional. No vomites un montón de ejercicios y que pase el siguiente. Puede que tú impartas varias cada día pero para tus alumnos no es una clase más, es SU clase.

Mientras… yo sigo trabajando porque en Australia mi herramienta clave ha quedado debilitada. Mientras me apoyo en las otras, sigo trabajando para mejorarla… semana a semana.

¿Qué te Ofrece el Profesional del Movimiento que no Conseguirás por tí Mismo?

Primera entrada que escribo cambiando tierras asturianas por australianas. Esta vez el post no habrá pasado la revisión de “mi editora”. Ya te contaba hace unas semanas que era momento de explorar más allá de los límites de mi zona de confort pero que mi compromiso semanal del viernes a las 12:00 se mantiene. Trataré de seguir contando cosas que veo en mi día a día relacionadas con la salud, el movimiento, la actividad física y el método Pilates. Espero en seguida coger ritmo, establecer contactos, recibir clases, impartir alguna ¿Por qué no un intercambio?… Ya te voy contando.

Todavía con el jet lag medio a cuestas y sin terminar de tener claro de qué hablaría esta semana, pude ver en mi time line de twitter la siguiente imagen:

BWIqWYdIYAEFDhU“El ejercicio justo, al tiempo justo, a la intensidad justa con la correcta progresión”

Y pensé ¡Olé! Ese es el camino. El objetivo por el que sigo leyendo, estudiando y formándome cada día. El que busco en cada clase que imparto o recibo. Lo que llevo tratando de obtener de mis alumnos los últimos 7 años impartiendo clases de Pilates… pero que nunca habría sido capaz de definir con tal exactitud.

1. El ejercicio justo (adecuado).

Ya te he contado que el Método Pilates es algo más que un repertorio de ejercicios. Es la herramienta que nos facilitarán acercarnos a nuestro objetivo con el alumno. No trabajamos con ejercicios de manera aislada sino que tratamos de que las clases tengan continuidad, ritmo y coherencia. En Pilates no tiene sentido pensar en músculos de manera independiente porque eso no es significativo para el alumno, por lo que difícilmente lo incorporará a su “archivo de movimientos” de la manera que ocurre cuando entiende su objetivo funcional.

Entendemos los ejercicios en la medida en que los interiorizamos y los redescubrimos cuando los enseñamos. Necesitamos descomponerlos en partes, entender las progresiones y sus adaptaciones. Y esto lleva tiempo. Y tan importante como entender qué ejercicios son los más indicados para una alumna con molestias en la zona lumbar; un runner con la musculatura acortada y escasa movilidad o un tenista que necesita mejorar su postura y alineación, es entender qué ejercicios hay que evitar o con cuáles hay que ser más cautos (no me gusta mucho el término contraindicados).

2. Al tiempo justo.

Se suele decir que cada ejercicio tiene su ritmo propio aunque puede ser diferente en cada persona. Como dice Víctor Borrego en su artículo El movimiento lento construye la coordinación

Si quieres realizar movimientos eficientes debes ser consciente de la magnitud de trabajo que desarrollas. Si disminuyes la velocidad, se incrementa la capacidad para percibir las diferencias en el nivel de esfuerzo muscular, se incrementa la capacidad del cerebro para sentir y corregir cualquier exceso de potencial y esfuerzos innecesarios“.

Pero, por otro lado, queremos que exista una transferencia y el movimiento sea significativo por lo tanto, una vez dominado el gesto técnico, debemos de ser capaces de adaptarlo a distintos ritmos ya que, los movimientos del día a día y gran parte de los gestos deportivos se desarrollan en un entorno cambiante, por lo tanto tenemos que ser capaces de ajustarnos a ese entorno.

Además variar los ritmos en los ejercicios exige al alumno mantener la atención en el movimiento que ejecuta. Si tú marcas diferentes ritmos, permanecerán alerta al propio ejercicio, tus indicaciones y los posibles cambios. Recuerda, se trata no de repetir, sino de moverte con control de manera consciente.

3. A la intensidad justa.

La evolución mediante el incremento del volumen de trabajo, carga o intensidad sólo tiene sentido hablando en términos de rendimiento. Ya que, sabemos que un incremento en la condicion física no siempre trae consigo una mejora en la salud. Por ello, en Pilates no tomamos como referencia principal estos parámetros y tenemos como guía el desarrollo de los principios: concentración, control, precisión, fluidez, respiración y centro. Definir los objetivos del alumno y entender sus necesidades es clave para trabajar en el desarrollo de los principios. Ésto conlleva dominar la técnica y como resultado encontrar la intensidad adecuada para desarrollar cada ejercicio.

Por otro lado, ya conoces que, cuando perseguimos aumentar la calidad del movimiento es fundamental aplicar el principio: menos es más. Menos repeticiones con control supondrá más calidad, evitar la tensión muscular innecesaria conllevará más calidad, menos gasto de energía al realizar un gesto supondrá más calidad de movimiento… No se trata de quemar calorías sino de usarlas en busca del movimiento eficiente.

4. Con la correcta progresión.

Llevas toda la vida conviviendo con tu cuerpo pero pregúntate cuánto tiempo llevas prestándole atención. Una frase típica que se atribuye a Pilates es: en 10 sesiones notarás la diferencia, en 20 sesiones verás la diferencia y en 30 sesiones tu cuerpo habrá cambiado completamente. Cada persona tiene sus tiempos y hay que entenderlos y respetarlos. Inependientemente de cuál sea tu nivel de condición física, tus virtudes o tus limitaciones tienes que entender que tienes margen de mejora. No hay alumno torpe sino profesor sin recursos. El profesional del movimiento tiene que ser un facilitador, con el que compartes objetivos y que te ayuda a conseguirlos. Quien te acompañe para que te acabe resultando fácil lo que antes era difícil.

Cuando me preguntan a qué me dedico y digo que soy profesor de Pilates, a veces tengo la sensación de que se “mediocompadecen” de mí al imaginarme como el típico monitor de aeróbic de los 90 con mallas fluorescentes, calentadores y cinta en la frente. Incluso alguna vez me han preguntado ¿Pero se puede vivir de eso? La próxima vez que me pregunten a qué me dedico, creo que lo entenderán mucho mejor si les cuento que me encargo de mejorar la calidad de vida, el movimiento diario y la práctica deportiva de mis alumnos, facilitándoles

“El ejercicio justo, al tiempo justo, a la intensidad justa con la correcta progresión”

Why not Pilates?

No Estás “Haciendo Pilates”

Siempre hay diferentes puntos de vista sobre cómo afrontar determinadas cuestiones. Opiniones que te acercan o te alejan más de formas de trabajar y hacer las cosas. Profesionales con los que te sientes a mayor o menor distancia. Maneras de actuar que te resultan más o menos comprensibles dependiendo de cuál sea el objetivo que persigue y que igual no compartes… pero te ves obligado a respetar.

También hay quien ni siquiera se ha formado un punto de vista. Quien no tiene opinión ni cree que deba tenerla porque actúa sin saber por qué o peor, lo hace “porque las cosas son así”. Personas que lejos de esforzarse en buscar la tecla correcta perderán el tiempo después justificando porque no la pulsaron. Y esos también dan clases de Pilates… y dirigen ministerios.

dislikeY esto viene en relación a un vídeo que he visto esta semana que procede de un programa de una televisión autonómica y que ya recibió algunos comentarios por Facebook y cuyo enlace me voy a ahorrar para evitaros la vergüenza ajena que sentí yo cuando lo vi (gracias Nacho). Impartido por una persona que no ha dedicado al Método Pilates un ápice de esfuerzo, un euro en formación o 10 minutos de su tiempo. Y digo que me ahorro el enlace porque seguro que te haces la idea de a qué me refiero. Apuesto a que tú también has visto y te han contado ejemplos y situaciones en los que como yo, te quedas con ganas de decir…¡Qué va tío! Tú no estás haciendo Pilates

NO estás impartiendo Pilates.

  1. Si no tienes presente los principios en cada ejercicio (deberías poder enumerarlos de cabeza ahora mismo. Sí eran 6).
  2. Si repites siempre los mismos ejercicios sin importar quién tienes delante, su evolución, sus características o limitaciones.
  3. Si no has apreciado la dificultad de impartir una clase de Pilates pensando que sólo debes mostrar ejercicios y contar repeticiones.
  4. Si no preparas o tienes en la cabeza una mínima estructura de clase o qué objetivos persigues cuando propones un ejercicio.
  5. Si no expones las variaciones correspondientes a cada ejercicio para que todos puedan seguir tu clase.
  6. Si las únicas instrucciones que das son: mete el ombligo, inspira/espira.
  7. Si tú formación proviene de un libro o unos vídeos de youtube y pensaste que era suficiente.
  8. Si crees que Pilates es una clase de relajación y tú un maestro zen.
  9. Si  haber estudiado TAFAD, CC. de la Actividad Física y el Deporte o Fisioterapia (por poner un ejemplo) lo crees suficiente para entender un método del que no viste nada en la facultad.

NO estás recibiendo Pilates.

  1. Sí por tu limitación te dicen tú no hagas este ejercicio en lugar de hazlo así.
  2. Sí tras meses recibiendo clases no has notado que tu postura haya cambiado.
  3. Si sólo haces ejercicios tumbado.
  4. Si no sientes tu cuerpo más ligero después de la clase.
  5. Si desde que empezaste no entiendes de manera diferente tu cuerpo y su movimiento.
  6. Si no recibes feedbacks, se te acercan y corrigen tu posición.
  7. Si realizas ejercicios que no entiendes.
  8. Si  tu instructor no utiliza las imágenes como un recurso para hacerte entender los ejerecicios.
  9. Si la respiración no está integrada en tu movimiento.
  10. Si no te resulta diferente a cualquier otra actividad que practicaste antes.
  11. Si no encuentras una coherencia y continuidad en los ejercicios (créeme cuando no existe, lo sabes).
  12. Si las clases te resultan demasiado suaves.

No hay una manera de hacer las cosas, existen diferentes enfoques. Pon en jaque lo que te cuentan, exige profesionalidad, exige criterio. No sigas a pies juntillas, duda… también de lo que aquí te cuento. Sólo es mi visión basada en mi experiencia de hoy… y cambiará mañana.

Sé consciente de que en el ámbito de la Actividad Física, a diferencia de otros sectores, el trabajador no necesita acreditar nada que garantice una preparación (al menos en España los que me leéis desde Argentina, México… lo desconozco). Quizá tengas suerte y la persona que tienes delante esté formada, sea alguien con conocimiento, prudencia y criterio. Imagina que cuando fueras al dentista no supieras muy bien qué ha estudiado quien te está hurgando en las muelas: si ha pasado por la universidad o no, si tiene un mínimo de horas de formación, si ha atendido anteriormente casos como el tuyo… Bien pues en Pilates y en los centros deportivos en general es así y debes saberlo.

Aunque… por otro lado, cuando el profesional implicado y con formación está presente, no hace falta que nadie te lo cuente, no hay necesidad de anuncios ni presentaciones. Es algo similar a lo que ocurre cuando hay una erección: si está presente, se nota.

Y ahora ¿Sigues creyendo que estás “haciendo Pilates”?