Iniciarse en Pilates Máquinas: Mis Primeros Pasos

No hace mucho que una persona cercana a mí me contaba que por fin iba a probar las máquinas de Pilates. A pesar de que había recibido anteriormente clases de suelo, sería la primera vez que utilizara los reformer en un estudio. Enseguida se me ocurrió que sería una buena idea que nos contara cómo le estaban yendo esas primeras clases. De la misma manera que tuvimos en el blog la visión de una alumna que tras 7 años practicando nos contaba su experiencia, me pareció igualmente interesante conocer las sensaciones de quién se está iniciando. Todos hemos pasado por ahí, recibimos nuestras primeras clases con esa sensación de curiosidad, duda, inseguridad… pero a la vez con ilusión, ganas, expectación… Y era la oportunidad perfecta porque yo no le daría clase, ni sería alguien conocido, por lo que podría ser sincera al cien por cien, sin condicionantes. Es Carmen, tiene 51 años y nos cuenta sus inicios en Pilates máquinas.

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Fuenrte: hormiguita-bebe.blogspot.com

Mis primeros pasos

Llevaba tiempo oyendo hablar de Pilates, escuchando muchas cosas y todas buenas. Por distintas circunstancias, nunca era el momento, a pesar de que tenía interés en empezar.

Mis comienzos fueron en suelo porque era lo que en ese momento tenía al alcance y lo hacía con el único objetivo de realizar actividad física para cuidar mi cuerpo, que a mi edad es una de las cosas que me preocupan. Era también otra manera de ocupar mi ocio y sustituirlo por mis dos horas semanales en el gimnasio. No siempre era consciente de estar haciendo Pilates porque no tenía la certeza de estar respirando bien, de hacer el movimiento correcto o de saber dónde estaba el isquión o el transverso; pero por lo general me sentía bien, en un ambiente cómodo y relajado, y no me parecía algo difícil o que me supusiera riesgo de alguna lesión. Con la música relajante, la respiración y las indicaciones del monitor conseguía abstraerme de todo lo demás y concentrarme en mi cuerpo. Nuevas sensaciones, distinto a lo que experimentaba cuando iba al gimnasio y, por mi cuenta y riesgo, hacía abdominales o remo en un aparato. El que me fueran marcando lo que tenía que hacer, los tiempos, las repeticiones… me ayudaba a sentirme progresivamente más a gusto realizando esta actividad. También lo hacía el poder explicar dónde me tiraba o qué molestia sentía y el que me dijeran: “es normal, eso es que está trabajando tal o cual músculo” o “relaja los hombros para no provocar tensión en el cuello”, etc.

Esa primera toma de contacto hizo que quisiera más, que ya tuviera unos objetivos concretos para hacer Pilates: sentirme bien física y mentalmente, buscar la corrección postural para evitar dolor cervical o lumbar y realizar alguna actividad física. Busqué la opción que me parecía que se ajustaba más a mis circunstancias y empecé con un instructor que sólo trabaja con máquinas.

Primeras clases.

  • Mi primera clase fue puramente teórica pero me pareció fundamental y necesaria. El hecho de que alguien te explique gráficamente cómo se mueven o trabajan músculos concretos de tu cuerpo o que coloque tus dedos en una zona determinada para hacerte comprobar cómo eres capaz de llevar el aire que inspiras hasta esa zona y cómo lo devuelves fuera contrayéndose o relajándose los diferentes músculos, me ha hecho ver que la figura del “instructor” es indispensable para considerar que estás realizando dicha actividad.
  • Mi segunda clase y primer contacto con el reformer no fue tan teórica pero sí recibí un montón de datos sobre las distintas posiciones y puntos de mi cuerpo y de la máquina con los que íbamos a trabajar. Me limité a ir siguiendo las indicaciones y, por comparar con lo que había hecho en suelo, experimenté menor dificultad al hacer los movimientos; pero, sobre todo, me sentí más segura de lo que hacía.

La persona que te da las pautas para ir realizando los distintos ejercicios no solo es importante por lo que dice y por cómo lo dice sino también por su capacidad para hacerla entendible, por conseguir que lo difícil se te haga fácil. No logro entender cómo alguien puede decir que “hace Pilates” con un vídeo o en una sala con quince o veinte personas más…

  • Mi tercera clase y primera de “todo pilates”: Después de una semana maratoniana con la sensación de estar encogida como una oruga, piernas cansadas, cabeza embotada; me dirigía a esta clase pensando que no iba a poder aprovechar mucho puesto que pensaba que exhalaría cuando me dijeran “inspira” o inclinaría mi cabeza hacia el hombro derecho cuando fuera al izquierdo. Esto era el “antes”, lo que yo intuía o presentía que podía pasar… Nada más entrar en la sala me fui desprendiendo paulatinamente de esa carga porque al concentrarme en calentar músculos, respiración, movimientos,… no había espacio para más en mi cabeza. Cuando solo faltaban diez minutos para que acabara la clase, para mí es como si hubiera sido ese el tiempo transcurrido. Aunque, creo que lo más importante fue experimentar cómo trabajaban mis abdominales sin hacer un ejercicio específico para ello, es decir, moviendo los brazos; y, comprobar que con poco esfuerzo por mi parte, mis músculos se ponían duros, señal de que estaban trabajando.

Y en ese punto, tengo que decir que, a pesar de las consideraciones de mi monitor respecto al Pilates en suelo (siempre dentro del respeto, eso sí) mis ejercicios previos no debieron ser en balde puesto que mi cuerpo recordaba posturas o movimientos sin yo ser del todo consciente. Y al terminar esa clase concluí que me sentía mucho mejor que cuando había empezado, a lo que mi monitor diría “de eso se trata…” Lo que yo no podía decir es que hubiera encontrado el suelo pélvico o el equilibrio y tensión abdominales adecuadas. Iré a por la siguiente a descubrirlo.

Primeras sensaciones.

Va a transcurrir más de una semana entre esta clase y la siguiente y definitiva antes de empezar con el grupo pero ya puedo decir que es esto lo que buscaba porque a pesar de no tener grandes objetivos, creo que el hecho de que haya habido entendimiento, empatía o simplemente un buen flujo de comunicación entre la persona que me va a guiar en este método o técnica de entrenamiento – como él prefiere llamarlo – y yo, supondrá que me sienta más a gusto conmigo misma, conociendo más mi cuerpo e interpretando qué me quiere decir ese dolor lumbar o la sensación de estar cargando una pesada mochila…

Tan solo unas clases después, me sorprendo comentando que puedo llegar a ese punto imposible de la espalda al que hacía tiempo no le tocaba la crema hidratante; pasando delante de un escaparate al que me miro sin pensar y rectifico mis hombros para que estén relajados y liberen esa tensión inconsciente. Más aún, en la intimidad del espejo, observo cómo mis pezones miran discretamente al frente cuando ya se inclinaban sumisos a la gravedad y al paso del tiempo; aunque no descarto que se trate de una mera ilusión óptica…

Y tú, ¿Recuerdas cómo fueron tus inicios en Pilates?

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2 thoughts on “Iniciarse en Pilates Máquinas: Mis Primeros Pasos

  1. Pingback: ¡Me Apunto a Pilates! pero ¿Dónde?: 7 Aspectos a tener en cuenta antes de empezar | Why not Pilates?

  2. Pingback: 8 Perspectivas Distintas para Entender el Método Pilates | Why not Pilates?

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