Método Pilates ¿Cómo afrontar las Clases con esos Alumnos “Difíciles”?

Hay un refrán que dice algo así como “cuídame de mis amigos que de mis enemigos ya me cuido yo”. Según lo entiendo yo, hace referencia a que hay determinadas cuestiones que son esperadas y las vemos venir desde lejos por ello, las podemos hacer frente o esquivar dependiendo de la situación. Pero la verdadera dificultad, en general, está en lidiar con lo que no vemos venir, con lo que no tuvimos en cuenta, con lo que nadie nos contó. Lo inesperado.

  • El futuro instructor empieza a percibir antes de empezar dificultades que se encontrará en este “mundillo”: Las formaciones son caras, hay más compañeros formados que posibilidades de trabajo, existen una serie de actitudes difíciles de aprender e imprescindibles para dedicarte a ello, el trabajo no siempre está bien remunerado, los horarios como los entendías no existen…
  • Una vez comenzada la formación los compañeros hablan de ciertos inconvenientes que aparecerán al planificar las clases de Pilates: tener un número indeterminado de alumnos, materiales a utilizar o la ausencia de ellos, espacios más o menos propicios para el desarrollo de la clase…
  • Incluso puede que al terminar de (empezar a) formarse le hayan hablado de algunos de los hándicaps que presentarán los alumnos que acudirán a sus clases: limitaciones de movilidad, lesiones o patologías… que condicionarán los ejercicios a utilizar, ritmos, intensidad de las clases y obligarán a realizar adaptaciones.

Afrontar lo inesperado

Hasta ahora todo bien, sabías que no sería fácil. Pero sólo cuando empiezas a dar clase te encuentras con lo inesperado. Algo que nadie te había contado y para lo que no estabas previsto. Por suerte la gran mayoría de los alumnos son personas que se ponen en tus manos convencidas de que el ejercicio les ayudará a mejorar su salud y condición física. Personas serias y responsables. Conscientes de que en la constancia y en el trabajo semanal está la clave. Que vienen a disfrutar de una hora de ejercicio físico solos o acompañados para dedicarse un tiempo a sí mismos, pasar un buen rato, desconectar y sentirse mejor durante y después del ejercicio… Pero existen otros alumnos que no son así. Y tú eres comprensivo y paciente y por qué no engañarnos debes serlo porque vives de tus alumnos pero en ciertas ocasiones te preguntas ¿Pero para qué vendrá? ¿Qué le habrá hecho apuntarse? ¿De verdad le gusta venir a Pilates? Son alumnos que se salen de lo habitual porque tienen comportamientos y actitudes que suponen una dificultad extra a tus clases y a veces cuesta saber cómo afrontarlo.

Esos alumnos difíciles ¿Cómo afrontar las clases?

  • El alumno discontinuo. Como dicen del Guadiana: aparece y desaparece. Este tipo de alumno suele presentar dolor y no tener ningún diagnóstico concreto. Cuando viene de repente, tienes que adaptar las clases en torno a él por esta razón. Como el movimiento cura, tras unas semanas se empieza a sentir mejor pero olvida qué variable produjo esa mejoría por lo que deja de venir. Volverá en unos meses y tú le esperarás pensando: esta vez sí que consigo que se enganche… pero tampoco. Y tu motivación irá decreciendo cada vez. Si quieres ayudarle, simplemente piensa en lo que puedes hacer por esa persona hoy. Sin irte más allá.
  • El que no para de hablar. La responsabilidad de la clase es 50% profesor 50% alumno y en una clase individual hay que ser flexible siempre teniendo presente una máxima: venimos a hacer Pilates. En una clase de grupo esto se vuelve un poco más difícil pero se resuelve dando mayor continuidad y ritmo a la clase, enlazando un ejercicio con otro, mínimos descansos y con ejercicios más complejos a nivel de coordinación. No hay que dejarle sin oxígeno, hay que mantener ocupado su cerebro.
  • La de la queja continua. Hay que distinguir cuando esa queja permanente ante cada movimiento, cada ejercicio… responde de verdad a algo físico ante lo cual, si hay dolor se para o es simplemente una manera de llamar la atención. Aunque parezca que es una actitud de niños aparece en adultos, especialmente mayores. Si sospechas de lo primero y no puedes dar respuesta a su dolencia mejor que seas honesto y le derives a otro profesional. Si está en el segundo caso cuando le hagas esa propuesta te dirá: “si en realidad no me duele tanto” y volverá al siguiente día.
  • El sufridor en silencio. Exactamente lo opuesto a lo anterior. Alumnos que tienes sospecha de que tienen dolor pero aguantan y aguantan sin manifestarlo. No sé si por orgullo, por no ser menos que el de al lado o porque piensan que hay premio para el que más sufre. No tengas problema por ser pesado: pregunta e insiste para asegurarte de que la clase le sirve para sentirse mejor y no lo contrario.
  • La inexpresiva. No consigues que te de ningún feedback. Ejecuta, le preguntas y nada. Tiene la misma expresión al final que al principio de un “cien”. La misma cuando entra por la puerta que cuando sale. Cuesta arrancarle más palabras que el hola y adiós. Por momentos dudas de si de verdad le gustan las clases aunque es cierto que las actitudes son más fiables que las palabras de manera que si sigue viniendo cada semana es porque tus clases le gustan y le sientan bien.
  • El que pregunta y pregunta y… Que un alumno pregunte es algo bueno. Muestra que está interesado en la actividad, en mejorar su salud y además confía en tu criterio. Ya nos hablaba Mauricio en esta entrada de la importancia de preguntar ¿Por qué? El problema es cuando la pregunta continua interrumpe el desarrollo de la clase. Cuando ocurra, basta con decirle que después de la clase puedes ayudarle a resolver sus dudas (al final no serán tantas). Y si no sabes algo, no tengas problema por reconocerlo. Basta con que le digas que lo vas a consultar y le des respuesta en la siguiente clase.
  • La de las malas caras. Hay personas que da gusto darles clase porque entran siempre con una sonrisa iluminando el estudio. Otras no tienen esa suerte y también vienen a Pilates… y compran el pan y van a tomar un café. Parece que cada una de las propuestas que realizas en clase tiene mala acogida por su parte. No sufras. Esa misma cara que ves es la que le pone al panadero, al de la cafetería… No te lo tomes como algo personal.

En cualquier actividad aparecen esos “retos inesperados” de los que nadie nos advirtió. Es fácil planificar, estructurar y realizar una clase indicada para una persona que ha sido operada de prótesis de cadera, que tiene acortado el pectoral o que no domina la estabilización escapular. Eso está en los libros. Pero trabajar con personas supone admitir que siempre encontrarás a alguien a quien no gustes con quien no conectes. Incluso con quien te sientes incómodo dándole clase.

A mí me ha pasado. Tener que pedir no dar clase a una persona. Por suerte, sólo una vez. Hay que saber cuándo, después de poner todo de tu parte, tras darle mil vueltas, probar de una u otra manera, dar lo mejor de ti, no eres capaz de dar en la tecla. Y si algo me ha enseñado el deporte es que hay que saber perder y asumir que no eres infalible y dar paso a otro compañero… Y también hay que saber cuando alguien no se merece que te sigas rompiendo la cabeza por agradarle. Ya que tu trabajo no consiste tanto en agradar a todos tus alumnos como en darles buenas clases de Pilates.

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9 thoughts on “Método Pilates ¿Cómo afrontar las Clases con esos Alumnos “Difíciles”?

  1. Te falta la persona que nunca siente el ejercicio dónde debería sentirlo (en la musculatura que estas trabajando).. jajaja
    Por lo demás, me ha encantado y me he reído muchísimo! Gracias

  2. Me alegro saber q cumplo con lo aconsejado, supongo q la intuición con mi alumn@s me han hecho proceder d esa manera. Muchas, muchas gracias por tus artículos, ni te imaginas lo q aprendo con ellos. Saludos

  3. Me encanto muy cierto todo lo que decis yo desde 1985 trabajo con gimnasia y desde 2005 con pilates y tengo experiencia y sabes que mucha intuición ya cuando la veo me doy cuenta, las que vienen a joder se van al tiempito y tambien como se van vuelven por como las tratás y le das la clase les gusta, tus consejos los aplico y eso me da a pensar que estoy por buen camino, no obstante hay errores que uno comete y aprende de ellos..simpre se aprende algo más siempre. gracias.-

  4. Buenísimo este artículo. He encontrado varios de estos “difíciles” y agradezco tu consejo, es muy cierto! Me reí y me vi identificada. Sobretodo la inexpresiva, pienso igual “si sigue viniendo, algo le gustará”. Por otro lado, la de “las malas caras” tienes razón q así se relacionará con todos, pero hablando con otra profe de esto, ella me enseñó a ver que a veces los alumnos se frustran porque alcanzaron su propio límite y no pueden con el ejercicio, y su reacción es enfadarse (y uno siente que es q no le gusta ninguna propuesta). GRACIAS me ayudas mucho, y siempre desde la humildad!

  5. Buenisimo como siempre pues si quien no ha tenido alumnos asi? Yo ahora sufro una que no hace mas que preguntar y no solo eso ademas me contrasta mis ejercicios diciendo……y no seria mejor hacerlo asi? En fin tiene que haber de to!

  6. Pingback: Los 6 Factores que Truncan tu Progresión como Instructor de Pilates | Why not Pilates?

  7. Pingback: Los 4 Estilos de Aprendizaje en el Método Pilates | Why not Pilates?

  8. Me ha encantado Manuel, aunque por mi experiencia, añadiría alguno más….El que viene a socializar, aún necesitando el Pilates para sus problemas, no acepta la mayoría de los ejercicios propuestos, porque le ha dicho su fisio que este no….que el otro, tampoco…y termina no haciendo nada en la clase, solo porque al salir se toma unas cervezas con las compañeras. Cuando me doy cuenta de esto, paso olímpicamente de estas personas, porque al fin y al cabo, vienen a otra cosa….
    También está el que te adula, tanto fuera como dentro del estudio, se piensan que porque se quedan hablando contigo al final de la clase, se han convertido en tu amigo, y esperan de ti que los aceptes en tu vida diaria. A estos, cuanto mas lejos mejor, la adulación de hoy por un profesor, será la misma de mañana de otro, al que intentará acaparar y entrometerse en su vida.
    Otro de los que existen son los que conociendo tu horario de trabajo, se presentan a la hora de salida para hablar sobre sus problemas, dando siempre vueltas una y otra vez a las mismas conversaciones, y te entretienen sin entender que fuera del estudio, tenemos vida.
    En fin…podría escribir un libro….

    • Pero lo bueno es que en el sur sabeis mejor que nadie solventar todas estas situciones con unas dósis de humor que lo hace un poquito más fácil. Un abrazo y un placer leerte Trini.

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