Los 10 “Pecados” del Instructor Novato

Cuanto más sabes, más consciente eres de lo mucho que no conoces. Mientras que cuanto más limitado es tu conocimiento, más tiendes a sobrevalorarte

Todos tenemos un comienzo. En cualquier campo, disciplina o actividad profesional. Y el que no se inicia en cosas nuevas (incluso pequeñas cosas del día a día) y no se atreve a ponerse a prueba a sí mismo, está condenado al estancamiento y con ello a la apatía. Explorar terrenos nuevos te proporciona la oportunidad de aprender, mejorar, crecer…

La frase con la que comienzo hoy es de Brent Anderson y ya te hablaba de ella en esta entrada cuando te contaba las distintas fases que atraviesa el instructor de Pilates. Pero sólo hay una por la que todos los instructores pasarán: la del profesor novel.

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A pesar de que suena parecido y el diccionario no hace esa distinción, yo establecería una diferencia entre dos tipos de instructores que se inician: los principiantes y los novatos. El principiante, consciente de sus limitaciones: presta atención, le dedica tiempo a la actividad, es prudente, pregunta, contrasta y así consigue una base que le facilita superar esa fase inicial.  Los novatos no quiere ser consciente del punto en el que se encuentran. Quieren avanzar demasiado rápido y eso les lastra, les impide avanzar y les estanca. Y esa actitud les hace cometer una serie de errores que aunque intenten disimularlo les delata y permite identificarles fácilmente no como inexpertos sino como novatos.

10 “Pecados” del Instructor Novato

  1.  No necesita más formación. El primer y último curso recibido recientemente es suficiente. Apenas fue de un par de fines de semana pero ¿Quién necesita más? Para escuchar más de lo mismo no me gasto el dinero además ¿Quién me va a enseñar a mí que llevo toda la vida yendo al gimnasio?
  2. Tiene respuesta para todo. Lo mismo para encontrar una explicación a la lesión no diagnosticada en la cadera de María, que a las migrañas recurrentes de Paco. Igual opina sobre entrenamiento interválico que se atreve con la alimentación macrobiótica. Todavía no sabe que de tanto hablar te acaban cazando y que muchas veces merece más la pena asumir tus limitaciones sin complejos y decir “no tengo ni idea, yo sólo soy profesor de Pilates”.
  3. Afirma convencido que los alumnos no le escuchan. Y cuando un alumno no ejecuta de la forma deseada, le vuelve a repetir lo mismo de la misma manera y si no sale, otra vez más igual. Que al final hay que hacerle como yo esta mañana, que me llamaban para terminar de dar de alta internet (llevo un mes con ello) y tras soltarme la típica parrafada de teleoperador a la carrera (en inglés), tras mi segundo, “sorry?” y mientras me gritaba más fuerte sin éxito, me ha tocado aclarar “no soy sordo, es que no te estoy entendiendo”. Hay maneras distintas de hacerte entender. Y también de ganarte la atención de tus alumnos. Aquí tienes siete.
  4. “Sobrecorrige”. Cree que la mejor manera de demostrar lo mucho que sabe es sometiendo al alumno a un bombardeo de mensajes, en muchos casos contradictorios, con el fin de que mientras el arco plantar no colapsa y se mantiene la alineación en las rodillas, la pelvis comience una retroversión, por supuesto tras una exhalación profunda, para facilitar la activación del transverso y así comenzar a articular vértebra a vértebra manteniendo a su vez la estabilidad escapular y blablablabla… ¿Cansa leerlo eh? Pues imagínate atender a todo ello mientras lo ejecutas.
  5. Se toma demasiado en serio. Envuelve sus clases en un halo de solemnidad en la que la seriedad y la disciplina son la base. No perdona un fallo a un alumno, ni una distracción. No acepta una broma, una risa ni una mínima interrupción. Pilates es una actividad seria. Pobres alumnos… y pobre de él. Verás cuando tengas que dar más de 3 clases seguidas repitiendo su cantinela como un loro sin que los alumnos se atrevan a darle el mínimo feedback.
  6. Es rígido e inflexible y finge conocer cada detalle de cada ejercicio. “La posición exacta de las piernas es ésta. En el  movimiento inicial siempre se exhala. Este ejercicio es con muelle rojo”… El repertorio es tan amplio, las posibilidades son tantas y el tipo de alumno tan heterogéneo que no puedes memorizarlo todo. De ahí que mejor que aprender ejercicios, es entenderlos. Pero él no, afirma con rotundidad; “Es así”. En unas de mis primeras formaciones me dijeron “el SIEMPRE, NUNCA existe en Pilates”. Todo admite modificaciones y adaptaciones. Hacer lo mismo con personas diferentes supone que alguien no está recibiendo lo que necesita.
  7. No se corta en catalogar a sus alumnos con términos como “torpe”. Hay personas con más habilidad para moverse que otras de la misma manera que hay monitores con más facilidad para transmitir que otros. Pero no hay alumno torpe sino profesor sin recursos. Torpe es el monitor  que no sabe valorar el esfuerzo que el alumno hace, que no se hace entender, que no sabe aportar una solución y se excusa cuando el resultado no es el esperado.
  8. Pone más excusas de las soluciones que aporta. No tiene suficiente espacio, o material. O la sala es demasiado ruidosa o tiene demasiados alumnos o demasiado pocos… Y mientras se queja pierde la oportunidad de aprovechar lo que muchos instructores que comienzan querrían: alumnos, un espacio y la posibilidad de poner en práctica lo aprendido a la espera de una mejor oportunidad.
  9. Critica y critica. Siempre sabe más que los otros compañeros porque su formación es mejor que la de éste o aquel otro.. Y no tardará en decir su frase estrella: “lo que hace ése no es Pilates”.
  10. No se ha enterado de que ni los títulos ni las formaciones previas ni el haber recibido clases  con tal o cual maestro te convierte en un “master teacher trainer” o como se llame. Que la formación es fundamental pero el buen instructor de Pilates se desarrolla en el trabajo diario con el alumno.

Claro que hay una receta para dejar de ser un instructor novato. Una muy sencilla que garantiza el 100% de éxito. Si ya has recibido una buena formación y tienes alumnos a tu disposición sólo te quedan tres cosas para lograrlo:

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