4 Claves para Entender por qué Hay Dolor o por qué no

¿Escuchas algún podcast? Porque pronto voy a lanzar los primeros capítulos de “Why not Pilates? el Podcast”. De esta manera, además de leerme en el blog o ver mis propuestas en el canal de Youtube también podré contarte a través de tu teléfono, tableta u ordenador  mi experiencia en el trabajo que voy desarrollando con mis alumnos en Australia, te hablaré de lo que me han contado en mi última formación, podrás escuchar a otros profesionales referencia del sector…

Mientras termino de grabar y editar estos primeros capítulos voy a recomendarte otro podcast que creo debes conocer: “Yonkis del Movimiento” donde Adán, Raúl y Lolo de Fidias tienen una divertida tertulia sobre movimiento, ejercicio, salud… De manera rigurosa y a la vez muy entretenida. Porque el que de verdad sabe de lo que habla no pretende demostrarlo, más bien le cuesta disimularlo. Concretamente, en el segundo episodio estuvieron hablando de dolor: por qué sentimos dolor, qué factores lo condicionan, cómo son los mecanismos de la experiencia dolorosa, … Y dieron una referencia de un libro que me ha gustado especialmente ya que da algunas claves para dar una mejor respuesta a esas personas que padecen o han padecido dolor y que también asisten a tus clases.

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Explicando el dolor (D. Butler)

Se entiende el dolor como una experiencia nociva y desagradable. Aunque también sabemos que es un mecanismo que te protege, te avisa de que existe un peligro y, en ocasiones, lo evita. El dolor altera tu comportamiento, modifica tus rutinas, cambia incluso tu manera de pensar y en ocasiones ocupa un rol determinante para que puedas curarte.

Pensamos que existe dolor sólo cuando una articulación está dañada, si una zona está irritada, cuando existe un deterioro evidente o una lesión objetiva pero actualmente se sabe que no siempre es así. A veces este mecanismo aparece precisamente para evitar que el daño se produzca. Por ello, se puede afirmar que existe dolor cuando tu cerebro entiende que existe un peligro real o potencial. El libro explica a través de algunos ejemplos cómo la como la experiencia dolorosa puede ser más diversa y compleja de lo que tendemos a creer.

  1. La sensación de dolor que se experimenta no está relacionada con la cantidad de daño sufrida en el tejido.

Existen ejemplos de personas que han sufrido lesiones graves y no recuerdan haber experimentado dolor. Se habla de un soldado herido de guerra al que años después al realizar una radiografía rutinaria de tórax le encontraron una bala que había permanecido ahí sin producir molestia alguna. También habrás oído hablar de personas que en un incendio, tras sufrir graves quemaduras, el dolor no les impidió entrar a sus casas para ayudar a familiares o deportistas a quienes una lesión no les ha impedido finalizar una competición.
Por otro lado, seguro que alguna vez te has hecho un pequeño corte en un dedo con un folio o te has pinchado con un alfiler. La herida es tan pequeña que sabes que la cantidad de tejido afectado es ridícula pero ¡Duele!

  1. En el dolor lumbar la ciencia demuestra que la sensación de dolor rara vez tiene que ver con daño en los segmentos intervertebrales. 

Y esto es un ejemplo más del punto anterior. Muchas personas, posiblemente tú también, padecen hernias o protrusiones lumbares o nervios comprimidos que cuando si son  detectados, en ocasiones accidentalmente, pueden parecer preocupantes a pesar de que nunca hayan originado ninguna molestia. Ya te conté en una entrada anterior que hay investigaciones que defienden que las pruebas de imagen en algunos casos pueden resultar contraproducentes.
Las estructuras y el cuerpo humano se deterioran y esto es una consecuencia de estar vivo. De manera que la próxima vez que un alumno acuda a ti alarmado por un diagnóstico de este tipo deberías tranquilizarle y decirle que es un proceso normal y no está relacionado con el dolor ni debe impedirle una vida activa y funcional.

3. El dolor depende del contexto. 

Todos hemos visto más de una vez a un futbolista al que, tras marcar gol, una decena de jugadores le saltan encima y tras 10-15 segundos bajo esa montaña de personas (alrededor de 800 kilos), se levanta y sigue jugando como si tal cosa, sin hacer ninguna muestra de dolor ¿Actuaría de la misma manera si una carga similar le cae encima estando en el garaje de su casa?
Estoy seguro que a tí también te ha pasado que durante una clase te has golpeado la espinilla con un reformer o accidentalmente has dado una patada alguna otra máquina y has aguantado el tipo y continuado con la clase con normalidad. Sólo cuando has llegado a casa por la noche y al cambiarte has descubierto un moratón o un bulto en la tibia, de pronto has recordado el golpe que te diste aquel día por la mañana ¿Habría sido la misma reacción de haber estado sola si te hubieras golpeado con un taburete que alguien dejó en medio de la cocina?

4. La edad el género o la cultura ¿Condicionan la percepción de dolor?

En este ámbito todavía se está en proceso de estudio aunque sí se conocen algunos detalles:

  • Edad: En relación a la edad se ha observado por ejemplo que ante una misma situación un niño, una persona de mediana edad o una persona mayor muestran similares niveles de percepción de dolor si bien, la manera de expresarlo cambia. Aunque sí se conoce que a partir de los 60 años existen menos personas experimentan dolor de espalda a pesar de que sabemos que hay mayor degeneración en los tejidos.
  • Género. Tradicionalmente se ha hablado de diferencias en relación al umbral de dolor entre hombres y mujeres en muchos casos atendiendo más a estereotipos o roles sociales que a diferencias fisiológicas reales.
  • Cultura. En determinadas culturas existen ritos o celebraciones en los que podríamos entender que ocurren situaciones dolorosas pero ¿Sería razonable hacer muestras de dolor en un rito de paso a la edad adulta?
    Otro ejemplo más cercano vendría de entender cómo determinados niveles de exposición al sol son percibidos como “dolorosos” para personas de la zona mediterránea o simplemente “cálido” por europeos del norte. Eso a lo mejor te ayuda a entender ese color rojo intenso en su espalda mientras siguen tomado el sol y tú piensas ¿Pero no se da cuenta de que se está quemando? Tal vez no.

Si como profesional del movimiento quieres seguir seguir influyendo en mejorar la calidad de vida de tus alumnos/clientes/pacientes que manifiestan dolor debes ayudarles a entender en qué consiste ese mecanismo. Recomendarles esta lectura de David Butler puede ser una manera sencilla de hacerlo.
De nuevo nos encontramos con que las cosas no son simples. No son blancas o negras sino que admiten multitud de grises ya que, cada individuo es único y a pesar de lo que nos contaron es algo más que un armazón de huesos y músculos que los mueven. Es un sistema complejo dirigido por la más potente supercomputadora llamada cerebro que nos exige seguir leyendo, aprendiendo, consultando, investigando… Para seguir siendo consciente de lo poco que sabemos ¿No crees que somos afortunados?

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8 thoughts on “4 Claves para Entender por qué Hay Dolor o por qué no

  1. Verdad verdadera lo del dolor yo a veces tengo moratones como tu dices en la tibia jajajja y no me acuerdo ni de donde me vino. Bueno yo tambien prefiero el viernes gracias Manuel

  2. He leido las paginas que ponen gratis en book-google como introduccion para orientar como es el lobro y es muy interesante!!!

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