Equilibrio ¿Cuál es la Mejor Manera de Desarrollarlo en tus Clases?

Hoy te voy a hacer una pregunta que quiero que me contestes antes de seguir leyendo ¿Consideras que tienes buen equilibrio? Vale, ahora vamos a hacer una prueba:

Ponte de pie. Levanta una pierna y deja la otra en apoyo, mantenla al menos 15 segundos  en el aire ¿Logras mantener el equilibrio? Genial, ahora prueba con la otra pierna pero para que no sea tan sencillo cierra los ojos ¿Qué tal ahora? ¿Algo ha cambiado? Pero si parecía una tarea sencilla y tú ¿No decías que tenías buen equilibrio?

Al contrario de lo que nos habían contado y según recientes estudios, el equilibrio no es una habilidad general. Uno no tiene buen o mal equilibrio de por sí.  Posiblemente lo sospechabas y seguro que has visto ejemplos de ello.

  • Como cuando esa persona joven y deportista que venía a tu clase por primera vez y apenas lograba mantenerse tumbada sobre el rulo mientras que sus compañeras de mayor edad y aparentemente no tan buena condición física, podían seguir tus indicaciones y realizar distintos movimientos en total estabilidad.
  • Quizá te quede lejos, pero recuerda la primera vez que te pusiste de pie sobre un bosu, lo difícil que resultaba a pesar de que ahora podrías permanecer horas sobre él.
  • O algo que me ocurrió esta semana cuando una compañera tras ver mi propuesta de ejercicio semanal de Instagram me preguntó que cuántas veces lo había intentado. En broma le decía que lo hice a la primera. Es cierto que sólo lo grabé una vez, aunque a pesar de no ser un ejercicio excesivamente complejo, lo tuve que practicar antes (te dejo el vídeo al final por si lo quieres probar).

Y es que como nos dice Lolo García (de quien ya te he hablado más veces igual que del del equipo de Fidias) en su artículo de esta semana El equilibrio es específico de la tarea. Esto se deduce a raíz de estudios recientes realizados con deportistas en los que se observó que “la mejora de rendimiento en tareas de equilibrio es específica a la tarea entrenada y que no existe una transferencia a tareas no entrenadas, independientemente de que estas se realicen con el mismo material o con material diferente“.

Posteriormente se realizaron otros estudios en la misma línea  y se “observó un gran tamaño del efecto cuando se comprobó el efecto de entrenamiento de equilibrio sobre la tarea entrenada. Por el contrario, cuando se analizaron los efectos en la mejora de rendimiento sobre tareas no entrenadas, no se observó ningún efecto o casi ningún efecto”… ” si no se entrena la tarea, por mucho que se pueda parecer a aquella que entrenamos, en cuanto a posición del cuerpo o tipo de perturbación, no se mejora el equilibrio en la misma

¿Y cómo aplicamos ésto en nuestras clases de Pilates?

Por supuesto lo leído anteriormente no quiere decir que el trabajo en desequilibrio no sea recomendable, que no pueda suponer una mejora para tus alumnos o que debas dejar de tenerlo en cuenta al programar tus clases, todo lo contrario.

Ya te conté en esta entrada 9 beneficios que obtienen tus alumnos al trabajar en situaciones de desequilibrio. La cuestión es que si quieres de verdad ayudar a tus alumnos a mejorar su equilibrio, piensa en qué situaciones específicas puedes hacerlo.

Ten muy en cuenta cuál es el perfil de tu alumnado. En la entrada sobre Pilates y osteoporosis ya te hablé del equilibrio como factor cable para prevenir caídas y por lo tanto fracturas y de cómo existen factores que pueden comprometer el equilibrio que suelen darse en la edad madura.

  • Fuerza. La pérdida de masa muscular (sarcopenia) ocurre a nivel general aunque influye a su vez de manera específica a la musculatura implicada en el patrón motor de la marcha
  • Movilidad articular. Con los años la movilidad se ve restringida en la mayoría de estructuras. Se ha observado una relación riesgo de caída y rango de dorsiflexión del tobillo reducido en mujeres mayores.
  • Factores neurológicos. La conducción del impulso nervioso se vuelve más lenta con el paso de los años. La sensación del tacto disminuye, así como la percepción de los distintos segmentos corporales en el espacio.
  • Visión. El sentido de la vista tiene un rol clave en el mantenimiento de una posición equilibrada. Y sabemos que se deteriora con la edad. Las gafas corrigen esa pérdida aunque la propia montura de las gafas puede ser un factor que restrinja el campo de visión.

¿Cuál es la mejor manera de desarrollar ejercicios en tus clases para contribuir la mejor del equilibrio entre tus alumnas? ¿Es igual de útil hacerlo de pie que sentado o tumbado? ¿Tiene más sentido hacerlo en uno o dos apoyos? ¿Será más significativo desarrollarlo en situaciones estáticas o dinámicas? ¿Necesitamos siempre material para llevarlo a cabo?

Como te prometí más arriba te dejo mi propuesta de esta semana que tal vez pueda ser útil para tí o alguno de tus alumnos. Piensa en una persona que en su día a día deba subir o bajar escalones de distintas alturas, o quieres que tengan la capacidad de hacerlo, por si se diera la circunstancia. Esa puede ser una de las razones de incorporar este ejercicio. Por supuesto, estoy seguro que a tí se te ocurren otras que ya estás desarrollando en tus clases y me encantaría conocer.

Y por cierto, nunca más dejes a tus alumnos repetir esa frase de “es que yo tengo muy mal equilibrio” o al menos cuando lo hagan no olvides recordarles que no hay personas con buen o mal equilibrio sino tareas en las que se tiene más dificultades y en las que por lo tanto, debéis trabajar mano a mano para mejorarlo.

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