5 Propuestas para un Instructor de Pilates en Agosto

Agosto, al menos en España, es sinónimo de vacaciones de verano. Y muchos lo relacionan de manera directa con sol, playa relax, descanso y disfrute.

woman lying on pink flamingo bouy on body of water

Photo by Mario A. ReGu on Pexels.com

Digo en muchos casos porque este parón no siempre es elegido ni deseado por todos.

Si hace tiempo que abriste tu propio estudio de Pilates, ya lo viste venir porque te ha ocurrido otros años. En verano, los alumnos prefieren estar en cualquier sitio menos bajo techo. El número de inscritos ya cae de manera considerable en julio, pero es que en agosto todavía es peor y te quedas más sola que la una, de manera que te planteas si merece la pena mantener el estudio abierto. En septiembre, se produce un goteo de alumnos que regresa de manera gradual pero lenta, demasiado lenta. En resumen, que hasta octubre no se vuelve al ritmo normal y tú has estado casi tres meses parada mientras que las facturas siguen llegando igual. Y aunque has probado  distintas opciones para tus alumnos, promociones y ofertas para atraer a otros la historia se repite cada año para todos. Bueno, para casi todos, ya que Paco que abrió su estudio este año en Ibiza estará a tope estos meses.

Para el resto de instructores que no tienen estudio propio es parecido.  El número de clases que te ofrecen baja de manera notable durante el verano y te encuentras con menos volumen de trabajo del que pretenderías, pero si fuiste hormiguita en los meses buenos, le encuentras rápidamente su parte positiva ya que ahora lo que tienes es tiempo, que bien utilizado, puede convertirse en una gran oportunidad. No sólo para descansar, sino para trabajar en algunos aspectos que pueden ayudarte a progresar y mejorar de cara al curso que pronto empieza. Es por eso que voy a dejarte 5 propuestas para desarrollar en este mes de agosto.

  1. Practica Pilates a diario.

¿Cuánto hace que no practicas el repertorio completo  de suelo? (Por ejemplo). En cualquier momento, al aire libre, coge un manual y dale una vuelta a todos los ejercicios del repertorio. Poco a poco, unos cuantos cada día. Realizarás ejercicios que hacía tiempo que no probabas, redescubrirás algunos de ellos,  observarás que aquellos que te resultaban más difíciles ahora lo son un poco menos. Y te darás cuanta, de que al contrario de lo que creías, sigues progresando, año a año, curso a curso.

2. Evalúate como instructor.

Valora tus puntos fuertes y débiles. No eres objetivo evidentemente pero sabes en qué aspectos encuentras mayores dificultades y en cuáles te encuentras más a gusto.

3. Planifica el curso que empieza.

  • ¿Qué querrías incorporar en tus clases para hacerlas más completas?
  • ¿Qué cambios quieres que vean tus alumnos en el estudio a la vuelta?
  • ¿Qué formación o formaciones te gustaría desarrollar el curso próximo?

4. Practica una actividad nueva.

Esa actividad deportiva que siempre quisiste probar pero por unas cosas o por otras, nunca se dio la oportunidad o no te terminaste de atrever. Apuesto a que según has leído ésto ya ha venido a tu mente. Ésa misma. Cambia de rol y sé alumna por una vez porque te ayudará a comprender a los tuyos y ponerte en su pellejo. Entenderás el reto al que se someten cuando reciben tus clases. Sentirás la incertidumbre, te moverás entre dudas y aunque de inicio te sentirás torpe, estarás desarrollando nuevos aprendizajes y con la práctica, de pronto te sentirás más capaz y con la satisfacción del que se atreve a afrontar un nuevo reto. Y a la vez que te mantienes en forma, aumentará tu grado de empatía con tus alumnos, sobre todo con aquellos que empiezan.

5. Recupera el manual de la última formación que hiciste y repasa.

Revisa conceptos, propuestas ejercicios… Aunque seguro que incorporaste parte de lo aprendido, en la vorágine del día a día, vamos tan rápido que no tenemos la oportunidad de profundizar. Echa un vistazo, presta atención a los detalles, ahora que todavía todo está relativamente fresco. Aprovecha para resolver dudas bien con tu propio formador o con otros compañeros de curso.

Aunque sin volvernos locos de manera que el descanso también exista porque créeme que es necesario… pero sin desconectar del todo porque en realidad no podrás porque esto es lo que te gusta y forma parte de tu vida. Digamos que es como cuando vas a apagar el móvil pero al final decides ponero en modo avión.
Descansa pero no desperdicies un tiempo muy valioso que echarás de menos cuando los días se acorten, las temperaturas bajen y vuelvas a esa necesaria rutina de clases y alumnos. Esa rutina que cuando nos queremos dar cuenta nos ha llevado a los atardeceres a las seis de la tarde, a las calefacciones, al gorro y la bufanda. Pero no pienses en eso ahora y disfruta el verano por tí y por los que como yo, nos encontramos en el invierno del hemisferio sur.

¡Feliz verano!

 

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