No Intentes Enseñar a un Cerdo a Volar (ni a Hacer Pilates)

El discurso del “si quieres puedes” que tanto se nos repite puede tener sentido y ayudarnos en algunas ocasiones pero puede ser muy frustrante en otras. Escucho a menudo que el buen profesional es el que tiene pasión por lo que hace. “Si tienes pasión y motivación puedes con todo”, dicen. Cada vez estoy más convencido de que la clave es otra. Porque aunque la motivación como ya te he dicho varias veces es la gasolina del cerebro, la aguja de tu coche que mide su nivel sube y baja constantemente. Además, cualquier coche lleva gasolina, lo mismo uno de gama alta, media o baja. Por lo tanto, eso no marca diferencias entre unos y otros.

Lo que de verdad creo que define y diferencia al buen profesional que progresa y evoluciona son dos características: la humildad y el esfuerzo: 
1. Humildad para conocer las limitaciones propias.
2. Capacidad de esfuerzo para paliarlas y superarlas.

A través de estos valores y con el paso de los años, se va formando el criterio que es lo que de verdad te permite saber dónde tienes que poner tu empeño y dónde no merece tanto la pena. Por lo que hay que saber también economizar energías porque son limitadas. Así que mejor pon el foco en lo alcanzable, en quien sí puedes ayudar, en quien quiere de tu ayuda. Lo otro, y por muy motivado que estés, puede ser tan estúpido como intentar enseñar a un cerdo a volar (o a hacer Pilates).

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fuente: pinterest.com.au

Un día de clase…

Al final de un día normal puede que hayas dado entre 6-8 clases. Te has esforzado en preparar cada sesión, has puesto toda tu atención para que cada ejercicio se desarrollara de manera correcta, tu mejor intención tratando de que hayan disfrutado durante la clase pero… A pesar de que has visto todo un abanico de caras sonrientes al terminar, te resulta inevitable pensar en esa persona, quizá dos, con quien tienes la sensación de no estar dando en el clavo, quizá no han obtenido lo que esperaban o directamente no les ha gustado tu clase. Asúmelo, no eres infalible ni puedes gustar a todo el mundo. Pero no te quedes con la anécdota (lo que mostraban un par de personas) sino haz una valoración general pensando en el total de tus alumnos y lo que les aportas.
Tratar de conseguir la sonrisa, aprobación y el agradecimiento de todas y cada una de las personas a las que das clase, posiblemente sea tan absurdo como tratar de enseñar a un cerdo a volar. Un esfuerzo inútil.

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fuente: pinterest.com.au

Con tu jefe, con ese compañero retorcido…

Lo mismo puede ocurrir con un jefe, con un compañero de trabajo que muestra continua duda en relación a tu manera de trabajar, incluso con otro instructor que trabaja en  otro estudio. No nos deberíamos sentir ofendidos ni hacer oídos sordos a determinados comentarios por el simple hecho de que no van en la línea de lo que nos gustaría escuchar.
Hay que ser permeable a la crítica pero también hay que saber relativizarla y sobre todo, entender de dónde viene y con qué intención. En muchos casos puede serte útil aunque no siempre esperes que sea constructiva. Ahí te toca a tí saber separar el trigo de la paja.
Buscar la aprobación de alguien que desde un primer momento se ha mostrado reacio, desconfiado o no da valor a tu trabajo sería como tratar de enseñar a un cerdo a volar ¿De verdad crees que el esfuerzo merece  la pena?

Con tu pareja, con tu padre, con tu amiga…

De manera parecida ocurre con esa persona que tienes cerca: quizás es tu padre, un hermano, tu pareja… Sabes que hacer Pilates sería, si no la solución, el principio del fin a esa dolencia. Incluso estás segura de que es una actividad que le gustaría, se engancharía y por fin practicaría ejercicio de manera regular. Su salud mejoraría, se sentiría más útil, más capaz, incluso afectaría de manera positiva a su estado de ánimo. O lo que cuesta entender más aún: estuvo yendo un tiempo contigo a clase y las mejoras fueran evidentes pero por una razón que ni tu terminas de entender ni ella te sabe explicar lo dejó. Y eso te frustra, te cabreas y te preguntas ¿Por quéeeee?

Porque cada uno decide sobre sí mismo, sobre si quiere dar el paso y mejorar su propia salud o si prefiere no hacerlo. Párate, analiza y reflexiona. Lo importante es detectar a quién realmente puedes resultar útil, quién valora y agradece tu labor y con quién te sientes tú cómoda. Sé humilde para saber cuando no puedes ayudar o no necesitan tu ayuda. Porque de no ser así, puede que con tu ímpetu y tu motivación estés empujando en una dirección que no es la adecuada.  Y estarías malgastando tu tiempo y tus ganas en hacer algo tan poco productivo como enseñar a un cerdo a volar (o a hacer Pilates).

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6 thoughts on “No Intentes Enseñar a un Cerdo a Volar (ni a Hacer Pilates)

  1. Hace tiempo que no comentaba, pero hoy era el día. Gracias Manuel por compartir este pensamiento con los que nos dedicamos a esta maravillosa técnica desde hace ya más de una década y nos hemos visto reflejados con tus palabras, y como tú comentas nos hemos frustrado en más de una ocasión por este asunto. Se puede decir más alto pero no más claro. Gracias de nuevo Manuel por tus interesantes reflexiones.

  2. Fabuloso como siempre
    Saber cuál es tu sitio en cada momento es tarea diaria. No competir, no dejar que el ego te pueda, en un mundo donde sabemos que el postureo, y no la formación a veces prima. En las redes sociales a menudo se desvirtúa la esencia. Humildad y tener claras tus prioridades. Gracias Manuel. Un placer leerte de nuevo

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