La Balanza del Profesional de Pilates

Decidir, decidir, decidir… ¿Por dónde empiezo? ¿Con qué escuela me formo? ¿Valdrá con una formación de suelo o también debo hacer una de máquinas? ¿Será buena idea hacer esa inversión sin saber si tendré trabajo? ¿Y con lo que pagan aquí merece la pena dar clase?

Cualquier formación nos da la oportunidad de incorporar nuevos conocimientos, profundizar en temas que nos apasionan, adquirir nuevas herramientas, cambiar nuestra perspectiva … Y además de todo esto, se crea la oportunidad de conocer a compañeros con los que compartes profesión e inquietudes… Y de esos encuentros se saca mucho.

Hace unos días durante el seminario sobre Natural running del que te hablé en la entrada anterior conocí a Daniel de Biotraining. Compañero de formación y con quien comparto su manera de entender el ejercicio físico al servicio de la salud. Hablábamos sobre las dificultades con las que en el día a día nos encontramos. En la facultad, en las escuelas de formación, en los distintos seminarios que recibes… te explican, bien sea de manera teórica o práctica, cómo desarrollar el trabajo con el alumno o el cliente pero parece que no te cuentan todo, siempre hay una parte que se dejan. Concretamente hablábamos de las clases de Pilates y cómo muchas veces tienes que lidiar con factores que alteran el desarrollo “normal” de la actividad y el día a día del profesional. Son circunstancias que no dependen de tí pero condicionan el resultado final de la clase y lo desconocías hasta que empezaste con tus primeras clases.

Saca la balanza y valora

Fue Daniel el que me comentaba que entre la idea que tú tenías preconcebida y lo que te encuentras posteriormente en el mundo laboral suele haber diferencia. Por lo que te ves obligado a sacar la balanza y sopesar por un lado las condiciones que te ofrecen y por otro tus expectativas, cómo tú concibes la práctica de la actividad y si puede ser desarrollada con garantías. Se me ocurren cuatro aspectos fundamentales:

  • Número de alumnos por clase. Te ofrecen dar clase en un lugar, al que llegas y te encuentras con 30 personas, de condición física muy distinta, no tienes apenas información sobre ellos. Empiezas la clase. Ves que el nivel medio no es lo que te contaron, dudas de que en algunos casos los ejercicios sean los más indicados para determinados alumnos. Al terminar, comentas a la persona encargada que para desarrollar la clase en las condiciones óptimas habría que dividir a los alumnos al menos en 2 grupos para poder adaptar la actividad a las necesidades de los alumnos. Te dicen que no es posible, que siempre se hizo así.
  • Desarrollar la técnica o mejorar la salud. Aunque te dijeron que sí, una cuestión y otra no siempre van de la mano. Hiciste una formación en la que aprendiste el repertorio completo de Pilates mat. Con mucho esfuerzo fuiste desarrollando una secuencia de ejercicios que te costaba pero que conseguiste ejecutar. Llegas a la primera clase y encuentras una media de edad bastante más alta que la que tenían tus compañeros de curso, en algunos casos con lesiones, en otras con dificultades para muchos movimientos y piensas ¿De verdad las necesidades de los alumnos que acuden actualmente a clase son las mismas que las que Joseph Pilates se encontró en su estudio?
  • Disponer o no de material. Sin hablar de material caro o novedoso, tener cojines, bandas elásticas, pelotas es recomendabe. No tanto por hacer las clases más variadas y creativas, sino para poder realizar las adaptaciones necesarias con alumnos que tienen dificultades. Contar con material es importante porque facilita el desarrollo de la clase al profesor y sobretodo al alumno.
  • El salario a percibir por clase. Esta semana leía “Si pagas con cacahuetes sólo podrás aspirar a contratar monos” pero eso no le importa demasiado a la empresa que ganó el concurso para gestionar tal o cual instalación municipal. Seguramente no sabe de Pilates, ni de salud ni de actividad física. Ni puede mirar por el cliente o alumno. No es muy importante para ellos. Ellos gestionan presupuestos y cuadran números. Y el profesional es un gasto del que prescindirán incluso si es posible ¿O no has escuchado hablar de las clases virtuales en los gimnasios low cost? Pues debes leer ésto.

Hacer de la dificultad una oportunidad

Todo profesional de cualquier actividad que requiere un aprendizaje continuo va atravesando por distintas fases en las que vas descartando determinados aspectos y te acercas a otros que te resultan más prácticos, interesantes o efectivos. La experiencia te va dando la oportunidad de errar, otras de acertar y mientras, vas aprendiendo. El problema es que las condiciones en las que algunas veces debes desarrollar tu trabajo no son las que esperabas…

Me considero afortunado a día de hoy por poder trabajar en circunstancias muy favorables. Con cantidad de material, los últimos implementos, maquinaria nueva… Y tener la posibilidad de desarrollar las clases en grupos de no más de cuatro personas, cuando no son sesiones individuales. En un espacio especialmente pensado para la actividad. Y sé que es una suerte porque cuando hablo con otros compañeros que trabajan en condiciones más difíciles así me lo transmiten, pero sobre todo, porque no siempre he trabajado en estas condiciones. Conozco las dificultades de trabajar con grupos grandes donde no puedes desarrollar las clases con el control deseado, donde no llegas a realizar las correcciones que consideras fundamentales. En gimnasios, donde vas contracorriente y apenas pueden escucharte porque en la sala de al lado el de spinning tiene la música a todo volumen. O en un contexto totalmente diferente, otro país, otro idioma donde tu herramienta clave como profesor de Pilates no es tan efectiva. O en centros sociales, polideportivos o cualquier instalación municipal donde las empresas que gestionan la instalación suelen pagar cantidades que cuando lo escuchas de primeras piensas “No, no lo he oido bien”. Vuelves a preguntar para asegurarte y descubres que sí, que tu oído no te falla. “Es lo que hay” te dicen (no puedo con esa frase).

Lidiar con estas dificultades puede suponer que ocurra dos cosas.

  • Que pierdas la motivación, te frustres, digas la famosa frase el Pilates no es para mí y abandones ya que no todo es tan bonito como te lo habían pintado.
  • O que trates de compensar el desequilibrio de la balanza con esfuerzo, dedicación, atención al alumno… De manera que si las clases no dan el nivel que esperabas sea por factores ajenos a tí, a tu trabajo y tu esfuerzo…

Aunque puede que sólo con eso no baste y también abandones… pero mientras te esforzabas en esas circunstancias difíciles, dando lo mejor de tí, estabas aprendiendo y avanzando como profesional. Incluso puede ser que se haya producido en tí un cambio y, sin haber sido consciente de ello, te hayas convertido en una mejor versión de tí mismo/a.

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