8 Maneras de Conseguir que tus Alumnos Mejoren su Movimiento sin Hablarles de Movimiento

Ni nuevas instalaciones, ni los últimos aparatos del mercado, ni sorprendentes ejercicios… Lo que te hará dar el salto de calidad a tus clases y que los alumnos quieran seguir contigo tras el verano no son factores externos que en muchos casos ni dependen de tí, sino detalles que tú si puedes cambiar. Porque lo que hoy es novedad, pasado mañana se convierte en “lo de siempre” y no se trata de sorprender a tus alumnos sólo el primer día que vuelvan a clase tras el verano, hay que hacerlo cada día y se puede conseguir. Pequeños detalles que marcan la diferencia, porque requieren pararse, tomar conciencia, visualizar y después actuar que ahora que lo pienso es lo que estamos continuamente pidiendo a nuestros alumnos que hagan para conseguir que su calidad de movimiento mejore ¿No te vas a exigir a tí lo mismo cuando enseñas? Continue reading

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¿Y si lo que te Enferma es tu Estilo de Vida?

Hace apenas dos semanas te hablaba sobre la temida lumbalgia. Hay quien se pregunta ¿Por qué me ha tocado a mí? Sabes que no es algo normal porque no te ocurre siempre; ni que le pase a todo el mundo porque tienes varios ejemplos alrededor de personas a quienes no les sucede. Tampoco le podemos echar la culpa a tu silla, porque tus compañeros de trabajo tienen la misma, ni a los cambios de tiempo porque nos deberían afectar a todos y mucho menos va a ser cuestión de mala suerte. Puede que tengas razón y sea un conjunto de varios factores… O tal vez estés echando balones fuera no queriendo reconocer lo que está en tu mano y no haces: moverte.
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Apuntarte al gimnasio no mejorará tu condición física

Actualmente vive la primera generación sedentaria de la historia. Y cuando digo sedentaria lo digo ateniéndome al diccionario de la Real Academia: “Sedentario : 1. adj. Dicho de un oficio o de un modo de vida: De poca agitación o movimiento”.

Si nos remontamos una generación anterior, la vida era muy distinta. En la que se iba a los sitios a pie, los ascensores escaseaban, los trabajos requerían de un duro esfuerzo físico y para qué hablar de las tareas domésticas… Menudos brazos tenían nuestras abuelas para poder lavar a mano toda esa pila de ropa.

Llega “el progreso”, los avances, la vida moderna, las escaleras mecánicas, los mandos a distancia, los ordenadores… y sentimos que tenemos el poder. Tumbados desde nuestro sillón podemos conseguir lo que necesitemos a golpe de click.

Lamentablemente, nuestro cuerpo está diseñado para moverse y como ocurre con un barco que lleva demasiado tiempo amarrado a puerto o un coche que acumula polvo en un garaje, cuando queremos arrancar vemos que no funciona, está oxidado.

Lo comentamos y un compañero de trabajo nos dice: -Tienes que hacer deporte. Apúntate al gimnasio -.

Y vamos a apuntarnos. Nos atiende una chica majísima que nos habla de sus increíbles instalaciones y la cantidad de actividades que podemos hacer allí, de nombres imposibles de recordar ¿Qué fue del aeróbic? – Puedo ir cuando quiera y estar todo el tiempo que quiera. Y no sólo eso, he tenido la suerte de que este mes, si pago la cuota anual me sale la mensualidad a la mitad. No he podido decir que no. Además así me obligo a ir. –

Como estábamos a miércoles y tengo todo un año por delante para ponerme en forma, he decidido que mejor empezar el lunes próximo que hay que ser ordenados. Además, esta semana estoy liadísimo.

Nos hacen una tabla con ejercicios. Y ese mes empezamos yendo 3 días por semana. – Quería ir  5 pero el monitor me ha dicho que 3 son suficientes -. Nos explican cómo funcionan las máquinas: posición, ajustes, cargas… – ¿Me acordaré de todo? -. Nos pasamos el primer mes recordando cómo funcionan las máquinas, con la sensación de pasar más tiempo dando paseos de una máquina a otra, que haciendo ejercicio. Eso sí, la cinta de correr y la bici ya están controladas. – Algo de agujetas pero parece que empiezo a coger forma ¡Y sin fallar un sólo día!– .

El segundo mes seguimos con ilusión. Aunque hasta arriba de trabajo y ha habido que pasar de tres a dos días por semana, pero intensos. La tabla de ejercicios la modificamos un poco porque de algunos, no nos acordamos y otros, nos da la sensación de estar haciéndolos mal. El monitor casi siempre está liado y nunca le pillamos libre para que nos los explique. – Sigo con la bici y la cinta…cuando encuentro alguna libre y empezamos a atrevernos con las elípticas. –

Cuando teníamos el ritmo cogido se cruzan por el medio las navidades. Entre compras, fiestas, cenas y demás sólo hemos estado yendo días sueltos. Pero verás con el año nuevo…

Y llega enero, pero hay reajustes en el trabajo. Cambian los horarios y salgo mucho más tarde. – Este mes va a estar difícil, a ver si el mes que viene ya me organizo mejor y saco algo de tiempo -.

Pero el mes siguiente estamos igual o peor por lo que el gimnasio queda aparcado de momento para más adelante. Nos acaba pasando como al del chiste:

Llevo ya tres meses en el gimnasio. – ¿Ah si? ¿Y cuánto has perdido? – .- Tres meses .

Esta es una historia que he visto y oído en numerosas ocasiones. Relacionar “tengo que hacer ejercicio” con ir a pagar una cuota a un centro deportivo. Con la esperanza de que pagar nos comprometa a ir.

Como antes comentaba, hoy vive la primera generación sedentaria de la historia. Pasamos mucho tiempo en reposo y hay que buscar actividades que compensen esa falta de movimiento para que nuestro cuerpo responda. El gimnasio es una opción, pero no la única. A muchas personas les encanta y lo disfrutan. Esos son los que van.  Apuntarte a un gimnasio no mejorará tu condición física. Lo que la mejorará es realizar ejercicio con regularidad.

Cuando lo que están echando en televisión no te gusta, cambias de canal. Si el gimnasio no es lo tuyo, busca algo distinto. Existen actividades con las que disfrutarías mientras las practicas y que, como consecuencia te ayudarían a sentirte mejor. Sólo tienes que encontrarlas.

Caminar, correr, nadar… Why not Pilates?