¿Y si lo que te Enferma es tu Estilo de Vida?

Hace apenas dos semanas te hablaba sobre la temida lumbalgia. Hay quien se pregunta ¿Por qué me ha tocado a mí? Sabes que no es algo normal porque no te ocurre siempre; ni que le pase a todo el mundo porque tienes varios ejemplos alrededor de personas a quienes no les sucede. Tampoco le podemos echar la culpa a tu silla, porque tus compañeros de trabajo tienen la misma, ni a los cambios de tiempo porque nos deberían afectar a todos y mucho menos va a ser cuestión de mala suerte. Puede que tengas razón y sea un conjunto de varios factores… O tal vez estés echando balones fuera no queriendo reconocer lo que está en tu mano y no haces: moverte.
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4 Falsos Mitos Sobre el Dolor de Espalda

El dolor de espalda posiblemente es uno de los problemas más habituales que afectan al común de los mortales. De hecho se habla de que el 80% de los ciudadanos sufrirá algún episodio de lumbalgia a lo largo de su vida.

Una de mis referencias en relación a la salud de la espalda es el Dr. Francisco Kovacs, a quien sigo, leo y escucho. Me resulta tremendamente interesante, no sólo lo que cuenta sino cómo lo hace. Su manera de hablar de la salud siempre implica al paciente como sujeto activo en la mejora de sus dolencias.

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La pasada semana encontré un podcast donde habla de falsos mitos sobre el dolor de espalda, si tienes 11 minutos deberías escucharlo en este enlace, si andas apurado yo te lo resumo en 2.

1. Para prevenir el dolor de espalda es fundamental una adecuada higiene postural. Debido a antiguos estudios basados en mediciones de laboratorio y no aplicadas al movimiento en la vida real se pensó que “pequeñas diferencias en cómo se adoptaban las posturas tenían grandes consecuencias en nuestro día a día”. Durante años, se han establecido normas de postura basadas en estas mediciones, cuyo efecto se ha comprobado en la actualidad que es mínimo en relación a algo que sí podemos controlar: el estado de nuestra musculatura. “Es más eficaz insistir en hacer ejercicio y tener una musculatura preparada, que en intentar corregir constantemente unas posturas que en su mayor parte son automáticas”.

2. Para prevenir el dolor, hay que evitar los esfuerzos. Según el doctor Kovacs, movimientos de flexoextensión de columna con grandes cargas pueden relacionarse con el dolor de espalda, aunque la ausencia de movimiento influiría más negativamente en ella. Existen personas que no pueden evitar realizar esos movimientos en su actividad diaria, por tanto nuevamente vuelve a mencionar cual es la clave: mediante el ejercicio preparar la musculatura para hacer posibles esos esfuerzos sin que necesariamente tengan que ser causa de dolor.

3. Estar mucho tiempo sentado es malo para la espalda. Teniendo una silla “razonablemente cómoda” pasar horas sentado no tiene una incidencia directa en relación al dolor de espalda. La cuestión es qué hacemos el resto de tiempo que no estamos sentados. Los problemas vienen por abandonar la musculatura debido a la ausencia de actividad.

4. Para el dolor de espalda lo mejor es dormir en una cama dura. Vuelve a ser una creencia que el paso del tiempo (y el razonamiento científico, claro) ha dejado en evidencia. “En la actualidad se entiende, de manera general, que lo ideal es un colchón de dureza intermedia. Dentro de una escala del 1 (muy duro) al 10 (muy blando), estudios demuestran que un 5,6 sería lo ideal”. Por otro lado comenta que no existe fundamento que demuestre que colchones viscoelásticos o de látex favorezcan la salud de nuestra espalda en relación a uno de muelles. Parece que la diferencia principal está en el precio.

Considero que existen posturas más y menos adecuadas para nuestra espalda, pero ¿Una postura estática que podamos mantener 8-10 horas con garantías? Piensa que hasta durmiendo cambias de postura. Si pasas largas horas sentado, personalmente te recomendaría esta silla de oficina.

Ya hemos comentado anteriormente la increíble capacidad de adaptación del ser humano. Eres lo que haces repetidamente. Conociendo los límites de tu cuerpo, no huyas de los esfuerzos, prepárate para ellos. Al fin y al cabo, el entrenamiento, independientemente de la prueba, deporte o disciplina consiste en la adaptación de nuestro organismo a un esfuerzo concreto.

Es importante no olvidar que entre nosotros vive la primera generación sedentaria de la historia. A día de hoy cualquier persona, sea activa o no, es consciente de la importancia del ejercicio para una buena salud. Y la actividad deportiva tiene una clara función como elemento de compensación, ya que tenemos un cuerpo infrautilizado y eso puede crearnos problemas y no olvidemos, una mente hiperestimulada que también hay que cuidar ya que también puede creárnoslos.

“Tu musculatura necesita activarse, moverse. Cuando un músculo se mueve recibe 20 veces más sangre que cuando está en reposo. El músculo necesita el movimiento como la persona respirar” Dr. Francisco Kovacs

Mejora tu postura, equilibra tu musculatura, mejora tu movilidad, libera tu mente…

Why Not Pilates?

Fuente: No es un día Cualquiera RNE (podcast) http://goo.gl/OFsZl

Eres lo que Haces Repetidamente

El ser humano es posiblemente el animal con mayor capacidad de adaptación del planeta. Existen mujeres y hombres capaces de sobrevivir en las condiciones climatológicas más adversas desde los lugares más tórridos hasta los gélidos polos. Se han escalado las más altas cumbres del planeta y descendido hasta las profundidades de los océanos. Incluso se ha conseguido llegar más allá de los límites de la Tierra.

Tenemos un organismo privilegiado capaz de adaptarse a las condiciones más exigentes. De hecho, existen teorías que afirman que las diferencias físicas entre las distintas razas son un producto de la adaptación humana al medio.

Existen variedad de ejemplos que escuchamos y vemos cada día en los que podemos observarlo:

  • Si tenemos que caminar una distancia larga, el primer día  (y tal vez el segundo y …) nos supondrá un esfuerzo grande, nuestras piernas se cansarán e incluso es posible que tengamos agujetas al día siguiente. Pero nuestro cuerpo se preparará para que podamos repetirlo y en unas semanas la percepción de esfuerzo irá desapareciendo, notaremos la musculatura de nuestras piernas más fuerte y que la sensación de fatiga cuando el camino “tira para arriba” va desapareciendo.  Nos hemos adaptado a esa distancia.
  • Llega el verano: playa, piscina… Los primeros días, los rayos de sol queman nuestra piel,  se enrojece e incluso se seca y se desprende, pero después de eso, nos ponemos morenos. Nuestro cuerpo se adapta para que no volvamos a quemarnos.
  • Se escucha hablar de que los grandes montañeros que acuden al Himalaya pasan meses hasta que intentan “hacer cumbre”. Primero la aproximación al campo base, establecerse en distintos campos de altura, dormir a distintas altitudes…  Todo, para conseguir, como dicen ellos, “aclimatar”. O lo que es lo mismo, adaptarse para que ese aire carente de oxígeno haga posible que sus funciones vitales sigan desarrollándose a pesar de la altitud.

Cualquier entrenamiento es un proceso de adaptación fisiológica al esfuerzo. En mi caso, cuando preparé mi primera maratón (la Maranalón 2012) el objetivo no era otro que finalizar. Estuve echando un ojo a planes de entrenamiento y elegí uno que me recomendaron y me pareció que tenía sentido para las 6 semanas de las que disponía hasta el día de la prueba. Hasta entonces, no había corrido más de 21 kilómetros por lo tanto tenía que preparar mi cuerpo para correr el doble. Las semanas iban pasando y yo iba cumpliendo con la planificación. Y la pregunta habitual era ¿Y crees que vas a terminar? Yo lo veía claro, lo duro no sería tanto  el día de la carrera, la dificultad estaba en no fallar en los entrenamientos. Incluso en los rodajes largos de dos horas y media después de salir a las 10 de la noche de dar clase. Confiaba en ese planning. Si lo seguía, mi cuerpo estaría a la altura de la distancia mítica: los 42.195 metros. Estaría adaptado.

Como hablábamos en una entrada anterior, actualmente vive la primera generación sedentaria de la historia. Y este hecho está dejando constancia de una falta de adaptación de nuestro cuerpo. Somos inadaptables al sedentarismo.

Cada persona se habitúa a los esfuerzos que realiza en su día a día y curiosamente las personas que más cansadas dicen estar siempre, suelen ser las que menos actividad física realizan.  La falta de actividad origina deterioro, mal estar, dolor y entramos en el círculo vicioso de no me muevo porque mi cuerpo no responde y mi cuerpo no responde porque no me muevo ¿Qué podemos hacer  entonces? Introducir en nuestro día a día actividades que mejoren las capacidades de nuestro cuerpo. Revertir esa espiral de desgana, pasividad, insatisfacción por actividad, bienestar, vitalidad.

Busca actividades que te hagan sentir mejor mientras las practicas, busca la manera de que tu cuerpo sea más competente en tu día a día. Eres lo que haces repetidamente y cada movimiento deja huella y no sólo en tu cuerpo, también en tu mente. Dota a tu cuerpo del mayor repertorio posible de  movimientos, tu cerebro buscará el más eficiente.

Why not Pilates?